Occitania: Cataros, castillos y pueblos con mucho encanto

El primer viaje al extranjero con mi hijo Julià fue a la región francesa de Occitania. Fueron 1.600 kilómetros en coche. Establecimos cuatro bases principales en Narbonne, Carcassonne, Toulouse y ya de vuelta, en Andorra la Vella. Desde estas ciudades partimos a visitar lo que nos pareció más interesante de los alrededores de cada una. Eso sí, intentando satisfacer los gustos de cada uno (Julià tenía 5 años cuando realizamos el viaje).

Por muchos motivos, Occitania es una tierra que nos gusta y en la que casi siempre realizamos paradas durante nuestros viajes. También es territorio de paso obligado en cualquier ruta por carretera cuando viajamos con nuestra caravana por Europa. Por unas razones u otras, a lo largo del tiempo vamos sumando lugares y conociendo un poco más esta gran región francesa.

Los preparativos

En aquel primer viaje, la idea original fue visitar la reserva africana de Sigean, cerca de Narbona. A partir de esa idea primaria, el viaje fue evolucionando y creciendo sobre el papel. Esto es, buscando información sobre que hacer y que ver, posibles rutas y ciudades cercanas, cosas para niños, reservas de alojamiento, etc.

Me gusta preparar los viajes con bastante antelación. Disfruto haciéndolo. A finales de mayo, cuando aun faltaban 3 meses para el viaje, ya había reservado el primer alojamiento en Narbona. A lo largo del mes de junio acabé de reservar el resto de alojamientos y compré las entradas a diversos lugares que íbamos a visitar.

En realidad, que el viaje a Francia se limitara a la región de Occitania fue por pura casualidad. Cuando ya tenia todos los preparativos del viaje listos, me di cuenta de que todos los lugares a los que íbamos a ir estaban en esa extensa región. Por supuesto, no la visitamos entera, básicamente nuestro viaje transcurrió por el centro y sureste. En viajes posteriores conocimos otros departamentos, pueblos y ciudades.

La región de Occitania

Occitania
Mapa de Occitania, una de las trece regiones que conforman la República Francesa. Imagen: turismo-occitania.es

La región de Occitania es la segunda más extensa de Francia, con 72.724 km2. Para hacernos una idea, un poco menos que Castilla – La Mancha (79.409 km2). Aunque con muchos más habitantes (cerca de seis millones), si lo comparamos a los poco más de dos millones de la región española.

Se creó en 2016 por la fusión de las antiguas regiones de Languedoc-Rosellón y Mediodía-Pirineos. Está formada por los departamentos de Alto Garona, Altos Pirineos, Ariège, Aude, Aveyron, Gard, Gers, Hérault, Lot, Lozère, Pirineos Orientales, Tarn y Tarn y Garona. (En negrita los departamentos donde estuvimos).

La ciudad más grande de Occitania es Toulouse, con casi medio millón de habitantes. La histórica capital de la provincia de Languedoc es la cuarta más poblada de Francia, por detrás de París, Marsella y Lyon. Le sigue Montpellier, con más de un cuarto de millón de habitantes. Con más de cien mil habitantes, Nimes y Perpiñán. Además cuenta con nueve ciudades con entre 40 y 80 mil habitantes.

Narbonne (Narbona)

Narbona, la tranquila y bella ciudad archiepiscopal fue la primera «base de operaciones» de nuestro primer viaje a Occitania. Antes de llegar a Narbonne, de camino, visitamos Castelnou, un bonito pueblo medieval calificado como uno de Les Plus Beaux Villages de France (Los pueblos más bellos de Francia).

Un poco más adelante, paramos en Salses-Le-Chateau, donde visitamos la famosa Fortaleza de Salses, una obra maestra de la arquitectura militar, antigua frontera entre Francia y España. Una vez instalados en Narbona, durante los tres días que estuvimos allí, hicimos varias salidas por los alrededores.

Pont des Marchands
Puente de los Comerciantes (Pont des Marchands), en Narbona.

La primera a la Reserva africana de Sigean: La sabana en Occitania, un parque de 300 hectáreas de animales en semi libertad. Nos acercamos a Béziers, donde se produjo la gran matanza de cátaros en el año 1209, durante la cruzada albigense. Allí fue donde el jefe cruzado Arnaud Amaury  pronunció una de las citas más lúgubres de la historia: «Matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos».

Como cae cerca de Narbona, también fuimos a la localidad turística de Gruissan. Dos veces en el mismo día, ya que tuvimos que regresar para cenar. Como no, en Les Grands Buffets, un paraíso gastronómico en Narbona, y luego volvimos para visitar el parque de atracciones Pirat Park.

Narbona nos gustó mucho. No tener ninguna idea ni opinión preconcebida de la ciudad creo que nos ayudó bastante. Es una ciudad tranquila, de poco más de 50.000 habitantes. Su mayor atractivo se encuentra en el núcleo histórico y en el canal de la Robine, que atraviesa la ciudad. Aparcar en la calle por el centro no es demasiado difícil, aunque a veces hay que pagar. Durante nuestra estancia, por las noches hubo mucho ambiente por los alrededores del canal. Conciertos, paradas de comida y bebida, música…

Carcassonne (Carcasona)

En el trayecto desde Narbonne hacia Carcassonne, base de nuestra segunda etapa en Occitania, hicimos un par de paradas. La primera en la Abadía de Fontfroide, la precursora del monasterio de Poblet, fundada en el siglo XI. Vale la pena acercarse hasta allí, y pasearse tranquilamente por cientos de años de historia durante unas horas. La segunda en el bonito pueblo de Lagrasse, una joya medieval a medio camino entre Narbona y Carcasona, también calificado como Les Plus Beaux Villages de France.

La Cité y el Pont Vieux (Puente Viejo) de Carcasonne
La Cité y el Pont Vieux (Puente Viejo) de Carcasonne.

Una vez en ‘La Cité’ de Carcassonne, una ciudad de película única en Europa, el lugar donde teníamos reservado el alojamiento no era tan de película. Estaba en una avenida sin demasiado encanto de las afueras. Las aceras descuidadas y llenas de coches aparcados sobre ellas. El alojamiento, un apartamento diminuto en un edificio antiguo. Lo bueno es que estaba limpio, tenia aparcamiento propio y estaba a pocos minutos andando de La Cité.

Nuestra visita coincidió con el fin de semana. Por desgracia. La Cité estaba atestada de gente. Con dificultad para avanzar por algunas de sus calles. Las terrazas de los bares y restaurantes llenas. El castillo, abarrotado de gente visitándolo. Un auténtico circo. Encima, un cajero se quedó con mi tarjeta N26, recién estrenada en este viaje. Aún así, el segundo y último día de nuestra estancia en Carcassonne, visitamos el Museo de Dinosaurios de Espéraza, un viaje por el tiempo, a 44 km.

Toulouse (Tolosa)

Toulouse, capital de Occitania y la Cité de l’Espace es una gran y bonita urbe. El centro de la ciudad se ve amplio, limpio y en general muy bien cuidado, con muchas calles peatonales llenas de tiendas, bares y restaurantes. Grandes plazas y avenidas, y la impresionante plaza del Capitolio. De camino a Toulouse visitamos la localidad de Castelnaudary, la capital mundial del cassoulet. Cuenta con un importante puerto fluvial y con el lago El Grand Bassin du Canal du Midi.

Plaza del Capitolio, en Tolosa
La gran Plaza del Capitolio, en Tolosa

Durante nuestra estancia de tres días en Toulouse utilizamos el transporte público. Concretamente el bus, que funciona puntualmente y nos dejaba muy cerca de nuestro alojamiento y del centro de la ciudad. Nos sacamos un abono de 10 viajes. En este transporte nos trasladamos hasta la Cité de l’espace (Ciudad del espacio), donde entre muchas otras curiosidades pudimos ver un modelo a escala real del cohete Ariane 5 (55 metros de altura) y la estación espacial Mir.

Solamente cogimos el coche para visitar Albi, la bella cuna de la herejía albigense, a unos 75 km de Toulouse. Clasificada Patrimonio mundial de la Unesco, Albi es una ciudad preciosa. Es un todo un placer pasearse por sus calles peatonales y tomarse una buena cerveza o un helado en una terraza en alguna de sus bonitas plazas.

Entre Toulouse y Andorra la Vella

El último día que nos despertamos en Tolosa madrugamos. Nos quedaba un buen rato hasta Andorra y además durante el trayecto teníamos previstas varias paradas. La primera en Muret, a 22 km de Tolosa. Aquí tuvo lugar la batalla decisiva de la cruzada albigense, el 12 de septiembre de 1213.

A 28 km de Muret encontramos el pueblo medieval de Rieux-Volvestre, la Francia auténtica alejada de las rutas turísticas. Visitarlo no nos llevó demasiado tiempo, ya que es un pueblo pequeño, y vale la pena. A unos cinco km del pueblo estaba el principal motivo de nuestra visita: El ‘Village Gaulois’ una típica aldea gala en pleno siglo XXI. Se trata de una reproducción de un poblado galo con sus casas típicas, talleres de artesanía con los artesanos trabajando como antaño, etc.

Rieux-Volvestre
Rieux-Volvestre.

Comemos allí y por la tarde seguimos con nuestra ruta. La última parada antes de Andorra fue Foix, donde visitamos El inexpugnable castillo de los condes de Foix, encaramado en la cima de una colina. Después de visitar el castillo y el casco antiguo, retomamos definitivamente nuestra ruta hacia Andorra. Aún nos quedaban 100 km llenos de curvas.

Andorra la Vella, la capital de los Pirineos y por supuesto de Andorra, es una ciudad que visito desde que era pequeño. Mi abuelo vivió en Andorra, y de vez en cuando iba con mis padres a verle, a bordo de nuestro Seat 600. A decir verdad, y a pesar de haber estado en Andorra la Vieja quizás más de una quincena de veces, era una gran desconocida. Pero eso es otra historia.

Aquí finalizó nuestra ruta por Occitania y nuestro primer viaje al extranjero. Un road trip en toda regla, algo más largo que el que habíamos realizado en año anterior (v. Territorio Dinópolis: Mil kilómetros de dinosaurios en Teruel). A partir de este punto del post, las ciudades y lugares que aparecen pertenecen a otros viajes.

Montpellier

Montpellier, la ciudad natal del rey Jaime I el Conquistador fue la primera etapa de la primera gran ruta europea que realizamos con nuestra caravana (v. Viaje en caravana por Europa durante 33 días y 32 noches (1a parte). Como era una etapa de paso, estuvimos el tiempo justo para realizar un par de visitas y descansar antes de reanudar el viaje.

El Palacio de Justicia (la Cour d’appel) de Montpellier.

Estuvimos en la gran Place de la Comédie con su famosa Fontaine des Trois Grâces, en el Arco del Triunfo y en la Catedral de San Pedro. Descubrimos lugares y rincones emblemáticos como la Facultad de Medicina o las iglesias de Saint-Roch y la de Sainte Anne, y descubrimos sus hermosos tranvías y la mejor panadería de Francia. Y por supuesto, nos perdimos libremente por las calles del casco antiguo hasta que nos cansamos y regresamos a nuestro alojamiento. Para una mañana, no estuvo mal.

Sabiendo de antemano que dispondríamos de poco tiempo, semanas antes contratamos un Free tour en español por Montpellier de Civitatis. Fue un gran acierto, y una gran (y económica) opción para aprovechar al máximo el tiempo cuando este es escaso.

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