‘La Cité’ de Carcassonne, una ciudad de película única en Europa

Carcassonne

Volví a Carcassonne, unos cuantos años después. En aquella ocasión era un domingo de noviembre de 2004, acompañado de quien algunos años después sería la madre de nuestro hijo Julià. Esta vez visité la ciudad medieval de Carcassonne —La Cité, como la llaman aquí— un fin de semana de agosto, acompañado de Julià. En estos casi tres lustros, todo ha cambiado. Nuestras vidas, Carcassonne, el mundo, ya no son los mismos…

Por la mañana, salimos de Narbona, la tranquila y bella ciudad archiepiscopal donde pasamos los tres primeros días de nuestro roadtrip por Occitania. De camino, pasamos por la Abadía de Fontfroide y por el bonito pueblo de Lagrasse, uno de Les Plus Beaux Villages de France (Los Pueblos Más Bellos de Francia). Desde Narbona hasta Carcasona hay unos 60 km, aproximadamente 40 minutos de viaje, sin paradas. Debido a las visitas en ruta, debemos sumar al total casi una hora y unos 20 km. Obviamente, sin contar el tiempo que pasamos en cada uno de esos lugares.

Foto aérea de La Cité de Carcasonne
Foto aérea de La Cité de Carcassonne. By Chensiyuan [CC BY-SA 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0)], from Wikimedia Commons
Como pudimos comprobar, visitar La cité en pleno agosto y por si fuera poco, en fin de semana, no fue la mejor idea de mi vida.

Breves apuntes históricos sobre Carcassonne

Carcasona está situada al sur de Francia, a 60 km al oeste de Narbona y 80 km al este de Toulouse. Tiene unos 50 mil habitantes, y pertenece al departamento de Aude y a la región de Occitania. Su importancia estratégica se originó cuando los romanos fortificaron la cima de la colina donde se halla actualmente La Cité, hacia el año 100 a.C. En el s.V, los visigodos ocuparon la ciudad y ampliaron las fortificaciones. Posteriormente, fue ocupada brevemente por los árabes, que estuvieron en Carcassonne entre 725 y 752, cuando fue tomada por los francos. En el s.XI la rica familia Trencavel construyó el castillo condal y la basílica de Saint-Nazaire.

La cruzada albigense llega a Carcassonne

Durante la cruzada albigense, Carcassonne era una ciudad cátara. En agosto de 1209, los cruzados asediaron la ciudad. El mes anterior había tenido lugar en Béziers la terrible matanza de cátaros, al grito de “¡Matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos!”. Así que Carcasona ya sabía a que atenerse si no se rendía. Lo hizo a los quince días de asedio, a cambio de la vida de sus habitantes. Tomada la ciudad, el nuevo vizconde Simón de Monfort volvió a ampliar las fortificaciones, convirtiéndose en una ciudadela-frontera con la Corona de Aragón.

Famosa imagen de la expulsion de los cátaros de Carcassonne en 1209. Miniatura de las Crónicas de Francia, hacia 1415. British Library
Famosa imagen de la expulsion de los cátaros de Carcassonne en 1209. Miniatura de las Crónicas de Francia, hacia 1415. British Library

La Bastide Sant-Louis y el declive de las fortificaciones

Unos años después, los Trencavel quisieron recuperar la ciudad, pero no lo consiguieron. Como castigo, el rey de Francia Luis IX prohibió vivir en la ciudadela a las personas que habían secundado la revuelta, aunque les permitió quedarse en la otra orilla del río. Así se fundó la nueva ciudad, la Bastida de San Luis. En esa época se volvieron a ampliar las fortificaciones.

En 1659 se firma el Tratado de los Pirineos, mediante el cual el Rosellón pasó a manos de Francia. Al igual que pasó con la fortaleza de Salses, Carcassonne pierde su importancia estratégica militar, abandonándose las fortificaciones y entrando en un fuerte declive. En el siglo XVIII la ciudadela se ha convertido en un barrio abandonado y alejado de la nueva ciudad.

La restauración y la polémica

Ya en el siglo XIX, se restauró el conjunto, con polémica incluida. Los trabajos empiezan en 1853, con la ciudadela en estado ruinoso. El encargado de la restauración fue Eugène Viollet-le-Duc, muy influenciado por las construcciones típicas del norte de Francia. Utilizó materiales no autóctonos, como la pizarra oscura en vez de la tradicional teja de colores ocres. Además, las torres típicas de la región estaban rematadas por una terraza, no con una cúpula puntiaguda recubierta con pizarra. Tras la muerte de Viollet-le-Duc, acontecida en 1879, las obras las continuó su discípulo Paul Boeswillwald hasta su finalización en 1911. Pese a todo, los expertos creen que el conjunto sigue siendo coherente si se obvian algunos detalles como los anteriormente expuestos.

Carcasonne
Esta imagen sorprendente es de entre 1895-1910, cuando ya se llevaban muchos años trabajando en la restauración de La Cité. Los lices (espacio entre las dos murallas) estaban ocupados por casas adosadas a las murallas. Eugène Viollet-le-Duc las empezó a derruir, pero hasta 1930 no se recuperó su aspecto original.
Carcassonne
Aspecto actual. Este tramo del camino entre murallas (lices en francés) va de la Porte de l’Aude a la Porte Narbonnaise.

La leyenda de la Dama Carcas y el origen del nombre de la ciudad

Una de las leyendas más conocidas de Carcassonne es la que dio origen al nombre de la ciudad. Se remonta a principios del s.VIII, cuando fue ocupada por los musulmanes. Según la leyenda, vivía en Carcassonne una princesa llamada Carcas o Carcás. Carlomagno asedió la ciudad durante cinco años, durante los cuales murió el rey musulmán Ballak. Entonces Carcas se puso al frente de la defensa de la ciudad. A principios del sexto año asediados, la situación de los pocos defensores es muy precaria. Solamente queda un cochinillo y un saco de trigo para dar de comer a toda la población.

La Dama Carcas.
La Dama Carcas, al lado de la Porte Narbonnaise (Puerta de Narbona).

Entonces Carcas ordenó que se rellenara el animal con el trigo, y a continuación se lanzara desde la torre más alta al pie de las murallas. Al caer al suelo, el cochinillo reventó, saliendo de sus tripas el trigo. El emperador Carlomagno creyó que si los habitantes de la ciudad podían cebar de esa manera a un cerdo, era porque aun tenían reservas en abundancia. Así que pensó que el asedio era inútil y le puso fin. Cuando el ejército imperial se retiraba, Carcas hizo sonar todas las campanas. Al oírlas, uno de los soldados de Carlomagno exclamó “¡Carcas sonne!”.

Llegando a Carcassonne

Como nos pasó un par de días antes en Béziers, cuando llegamos a Carcasona llovía. Mejor dicho, lloviznaba. Aproximadamente a las tres de la tarde, entramos a la ciudad nueva por l’Avenue Général Leclerc. Allí mismo teníamos reservado el apartamento. Aparcamos encima de la acera llena de coches, delante mismo del edificio. Es una casa antigua / vieja, aunque bien cuidada. Como nos pasó el primer día en Narbona, llegamos antes de la hora prevista. Igual que allí, debemos esperar que llegue alguien a darnos las llaves. Como está lloviznando, esperamos en el coche.

Avenida del General Leclerc, Carcasona
Avenida del General Leclerc. No consideré necesario hacer ninguna foto del lugar… Hasta que escribí este artículo. En la verja que se ve a derecha, está la casa donde estaba nuestro apartamento. La foto es de Google Maps.

La avenida General Leclerc es la entrada a la ciudad por la carretera D6113 / N113. No es una avenida especialmente bonita. Acaba en el Pont Neuf, que atravesando el río Aude entra a la Bastide de Saint-Louis. Puede que por la lluvia, la primera impresión que me llevé me recordó un poco a las afueras de Béziers: Aceras grises, llenas de coches aparcados encima. Mientras esperamos, escuchamos música en la radio. Como casi no llueve, salgo del coche. Abro la puerta del maletero y me siento en él. La puerta se abre hacia arriba, y hace las funciones de toldo. Hay bastante tráfico, algunos comercios cercanos están cerrados. No pasa casi nadie a pie. Fumo un cigarrillo mientras mi hijo espera dentro.

El apartamento

Al cabo de una media hora, llega la propietaria o encargada del apartamento. Nos saludamos y presentamos. Subimos por unas escaleras estrechas, algo oscuras y viejunas hasta el segundo piso. Entramos en el pequeño apartamento. ¿He dicho pequeño? Quería decir diminuto. Unos 16 m2, a ojo de buen cubero.

Entrando a la izquierda, una cama grande con sus dos mesillas de noche, una de ellas con un microondas encima (!?). Una ventana que da a los patios de las casas vecinas, y a su lado una tv de pantalla plana pequeñita colgada en la pared —no cabría en otro sitio—. En la pared de la derecha, dejando un pequeño pasillo en medio, un armario empotrado, una pequeña mesa plegable y dos sillas. A escasos 40 cm de los pies de la cama, en la pared de enfrente, una cocina completa con sus armarios altos y bajos, aperos variados y fregadero. A un lado de la cocina, una puerta que da a un pequeño cuarto de baño con ducha y lavabo, y al otro lado, la puerta del wc.

El piso es pequeño y está en una casa vieja, vale. Pero está muy limpio. La cama es grande y cómoda. Tiene aire acondicionado. Dispone de un gran jardín y aparcamiento privado en la parte de atrás. Obviamente no es un apartamento de lujo. Lo escogimos básicamente por su precio y porque está a diez minutos andando de La Cité y la Bastide de Saint-Louis. Como nunca pasamos demasiado tiempo en los alojamientos, con que tengan una buena cama y una cocinilla para salir del paso, nos vale. Dos noches me costaron 91,20 euros (impuestos incluidos). No tomé fotos del apartamento. En su página de Booking encontrareis algunas, aunque no vi ninguna del nuestro. Porque será…

Hacia La Cité medieval

Dejamos los bártulos en el apartamento y nos dirigimos a pie hacia La Cité. Serían la cuatro de la tarde, más o menos. A pocos metros de nuestro alojamiento, en la avenida Général Leclerc, subimos por la rue Trivalle, seguimos por Montée Gaston Combeleran y ya estamos casi delante de la Porte Narbonaise.

La Porte Narbonnaise, en agosto de 2018.
La Porte Narbonnaise, en agosto de 2018. Plagado de viajeros y turistas como nosotros 🙂
Porte Narbonnaise, Carcasonne
La Porte Narbonnaise, en noviembre de 2004. Mucho mejor visitar La Cité en noviembre. Al menos no lo hagáis un fin de semana de agosto, por Dios…

La primera vez que vi La Cité me pareció impresionante. Sus murallas y torres parecen sacadas de una película de caballeros y princesas. Aunque lógicamente, es al revés; son las películas las que vienen a rodar sus escenas aquí. Si habéis visto Robin Hood, príncipe de los ladrones (1991), con Kevin Costner de protagonista, la localización del Castillo de Nottingham es La Cité.

Carcassonne es un conjunto medieval único en Europa, por su tamaño y conservación. Su entramado de calles serpenteantes, callejuelas estrechas y pequeñas plazas nos hace volar la imaginación, trasladándonos a la edad media. La ciudadela está rodeada por una doble muralla de 3 km de longitud y 52 torres. No es de extrañar que desde 1997 esté declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Los “círculos concéntricos excéntricos” de color amarillo

Nos sorprendió ver unas pinturas amarillas en las murallas y torres de la ciudad medieval, que no estaban en nuestra anterior visita. Se trata de una obra efímera del artista franco-suizo Felice Varini, precisamente para conmemorar el 20 aniversario de la inscripción de Carcasona en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Cìrculos concétricos excéntricos, Carcassonne
Los “Cìrculos concétricos excéntricos”, de Felice Varini, vistos desde la Porte de l’Aude. By Benoblog [CC BY-SA 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0)], from Wikimedia Commons)]
La obra, que no ha gustado a todo el mundo, pretende crear una ilusión óptica en las históricas paredes de Carcassonne. Desde donde se ve mejor el efecto óptico es entrando por la Porte de l’Aude. Pero nosotros no lo sabíamos, así que sin verlo en su conjunto, y sin saber que era aquello, no lo entendimos demasiado. Lo que vimos paseando por el camino de ronda de las murallas era esto:

Carcassonne
Los círculos concéntricos excéntricos, vistos desde lo alto de la muralla.

Entrada a La Cité por la Porte Narbonnaise (Puerta de Narbona)

Es la más famosa de las puertas de La Cité, y el lugar indicado para empezar el recorrido por la misma. Ubicada al este de la ciudadela, se construyó alrededor de 1280, cuando la ciudad se encontraba en todo su esplendor. Su nombre viene dado por su orientación hacia Narbona. El actual puente levadizo fue otra de las licencias que se permitió Eugène Viollet-le-Duc, ya que no existía originalmente.

Atravesamos la Puerta de Narbona y nos metemos de lleno en la ciudad medieval. Subimos por la calle principal, la rue Clos Mayrevieille. Está atiborrada de gente. Pero miremos el lado positivo: En la edad media, los días de mercado, fiesta o cualquier otra actividad popular, estaría así. O peor, porque deberíamos añadir burros, mulas, caballos y otros animales con sus respectivas cacas, y carros circulando entre la gente. De todas formas, si queréis ver la ciudad un poco tranquilos, no vengáis un fin de semana de agosto.

Carcasonne
La rue Clos Mayrevieille estaba llena de gente. Viajeros, turistas, domingueros… Y supongo que algún habitante de Carcasonne.

La calle está repleta de tiendas de todo tipo. Llegamos a la Place du Chateau. Giramos a la izquierda y llegamos a otra plaza, la Place Marcou. Está repleta de bares y restaurantes, con sus terrazas llenas hasta la bandera. En una de ellas, una pantalla gigante donde un grupo de aficionados siguen un partido de rugby. El jolgorio es importante.

Place du Chateau, Carcasonne
Place du Chateau.

Le Bar à Vins

Volvemos tras nuestros pasos hacia la Place du Chateau, y delante mismo vemos la entrada al Castillo. Pero viendo la hora que es, lo dejamos para mañana domingo. Hoy ya es tarde y preferimos ir a tomar algo antes de retirarnos. Así que volvemos a la Place Marcou para sentarnos en alguna terraza. Pero todo sigue lleno, así que continuamos paseando por la rue du Plo, que empieza en esa misma plaza y acaba en la Place Saint-Nazaire.

Pronto llegamos a una plazoleta con un pozo en medio. Es la Place du Petit Puits (Plaza del Pozo Pequeño). Es uno de los 22 pozos que abastecían la ciudadela. En la actualidad quedan dos, Le Grand Puits y le Petit Puits. Se construyó en el s.XIV, y cumplió su cometido durante siglos, hasta que llegó el agua corriente a las casas. El grande está en la Place du Grand Puits, muy cerquita de la entrada al Castillo.

Rue du Plo, Carcacassone
Rue du Plo.

Pero el verdadero descubrimiento del día no fue ningún monumento. Poco antes de llegar a la basílica encontramos Le Bar à Vins. Cansados y sedientos, entramos. En su interior encontramos casi casi el paraíso. Una gran terraza rodeada de árboles, buena música ambiental y un pequeño escenario donde se celebran conciertos al aire libre. Nos sentamos en una de las mesas, pedimos un batido de cacao y una cerveza y nos relajamos durante un buen rato. Parece que estemos en otro mundo, en un oasis lejos del ajetreo y la aglomeración de las calles de La Cité. 100% recomendable. Por si fuera poco, cuando nos íbamos un simpático camarero le regaló a Julià unas gafas de sol. Le iban muy grandes, pero le agradecimos el detalle. Mañana será otro día.

Le Bar à Vins. Foto: Instagram lebaravins
Le Bar à Vins. Foto: Instagram lebaravins

¡Maldita sea! Un cajero se nos queda la tarjeta

La mañana del domingo la reservamos para hacer una escapada. A unos 40 km de Carcasona le aguarda a Julià Le museé des dinosaures, en Espéraza. De regreso a Carcasona, después de comer en el apartamento nos disponemos a visitar La Cité. La intención es ir al Torneo de Caballeros que allí se celebra en verano (12€ adultos y 6€ para niños entre 5 y 10 años). La primera representación empieza a las 15 h, la segunda a las 16,45. Nuestra intención es ir a la segunda y luego visitar el castillo. Así que contentos y radiantes como dos pequeños renacuajos, cogemos el coche de San Fernando y nos dirigimos a La Cité.

Por el camino paramos en un cajero de Crédit Agrícole. Meto en la ranura mi nueva y flamante tarjeta N26, estrenada en este viaje. Ya la había utilizado varias veces, sin ningún problema. Tecleo el importe, el número secreto… Todo va bien. Pero antes de que salgan los billetes, la tarjeta se queda atascada y no acaba de salir de la ranura. El cajero la intenta expulsar con pequeños empujones, pero no sale lo suficiente para poder atraparla con los dedos. No se me ocurre otra cosa que intentar meter la punta de la llave del coche en la ranura, para ver si puedo “ayudar” a salir a la tarjeta. Pero lamentablemente, la arriesgada operación de rescate no funciona, y mi flamante N26 se queda definitivamente dentro del cajero. Nos quedamos sin tarjeta y sin dinero.

Torneo de Caballeros, Carcasonne
Desde la muralla pudimos ver la zona donde se celebra el Torneo de Caballeros.

Es domingo, y lógicamente la oficina está cerrada. Pero pienso que menos mal que nos vamos mañana, y nos dará tiempo de pasarnos por aquí a buscarla antes de irnos. Pues no. Miro el horario de oficina, y resulta que los lunes está cerrada. ¡Maldita sea! Aunque volvemos rápidamente al apartamento a buscar otra tarjeta, ya no nos da tiempo de buscar otro cajero (¡yo no meto ninguna otra tarjeta en ese!) y menos de llegar a tiempo al Torneo de Caballeros. En fin, otra vez será. Nos conformaremos con visitar el castillo…

El Castillo condal de Carcassonne

Después de las peripecias con las tarjetas, por fin llegamos a las puertas del castillo. Es domingo, así que no esperábamos una visita solitaria, más bien al contrario. Inmediatamente pasada la puerta principal, encontramos la consigna o recepción, donde compramos las entradas. El precio es de 9 euros / adulto, aunque se puede entrar gratis si se cumplen algunos requisitos. Encontrareis más información y compra por anticipado aquí.

Castillo de Carcasonne.
Entrada principal al recinto de Castillo de Carcasonne.

Después de pagar las entradas, atravesamos un estrecho puente de piedra que nos lleva hasta la puerta principal. Allí empezamos la visita. Aunque había mucha gente, la visita merece la pena. En cualquier circunstancia. Aunque como decía antes, mucho mejor fuera de la temporada alta. Visitamos diversas salas, como la Pierre Embry, la Gótica, de los Arcos, la sala románica y algunas más, todas ellas con elementos arquitectónicos o artísticos que ver. En una de las  salas que encontramos cerca de la entrada, se proyectaba un documental, subtitulado en castellano, sobre la historia de la ciudad y su restauración. Estaba muy llena y pasamos de largo.

Pero sin duda, lo que más nos gustó fue pasearnos por el camino de ronda de la muralla. Pasamos por sus torres y matacanes de madera soportados por voladizos, desde los cuales se lanzaban todo tipo de objetos contundentes contra los enemigos. Le expliqué a Julià las populares secuencias de las películas medievales, cuando los defensores tiran piedras, bolas de fuego y aceite hirviendo sobre los atacantes… A lo largo de la muralla, llena de aspilleras desde donde los arqueros disparaban sus flechas, encontramos diversos puntos con vistas panorámicas sobre la ciudad.

Arriba, el camino de ronda de la muralla interior. Abajo, la muralla exterior.
Arriba, el camino de ronda de la muralla interior. Abajo, la muralla exterior.
La visita al castillo nos ofrece excepcionales panorámicas de la ciudad nueva de Carcassonne
La visita al castillo nos ofrece excepcionales panorámicas de la ciudad nueva de Carcassonne
Castillo de Carcassonne
Pasadizo techado del castillo.

El Teatro Jean Deschamps

Poco antes de acabar el recorrido por el paseo de ronda de la muralla, pasamos por encima del Théâtre de la cité. ubicado en el interior de La Cité, fue creado en 1908, sobre el emplazamiento del antiguo claustro y los jardines de la basílica de Saint-Nazaire. Dispone de un poco más de 3.000 asientos, aunque llegó a tener una capacidad para 6.000 personas. En 2016 pasó a llamarse Jean Deschamps, en homenaje al actor y director francés. Él fue quien en 1957 fundó el Festival de la Ciudadela, que sigue celebrándose cada verano.

Teatro Jean Deschamps, Carcassonne
Teatro Jean Deschamps, visto desde lo alto de la muralla.

La basílica de Saint-Nazaire

Una vez acabamos la visita al castillo, salimos de la muralla por unas escaleras que bajan hasta la Place de Saint-Nazaire. Allí se encuentra la basílica de Saint-Nazaire, llamada la “Joya de la ciudad”. Originariamente fue una iglesia románica, de la que no queda ningún vestigio. Aparece mencionada por primera vez en un documento del año 925.

En 1096, cuando la ciudad estaba bajo la autoridad de la familia Trencavel, el Papa Urbano II visitó Carcassonne y bendijo los materiales que se iban a utilizar para realizar el nuevo edificio. Este se terminó en la primera mitad del s.XII. En 1801 pierde su estatus de catedral, que pasa a la iglesia de Saint-Michel, en la ciudad nueva o Bastide de Saint-Louis. El actual título de basílica lo otorgó el papa León XIII en 1898. A lo largo del tiempo se remodeló varias veces, entre ellas la que realizó Eugène Viollet-le-Duc en el s.XIX durante la restauración del conjunto medieval, que la transformó notablemente.

Basílica de Saint-Nazaire, Carcassonne
Basílica de Saint-Nazaire.

En su interior, lo más interesante son las magníficas vidrieras de los siglos XIII y XIV, consideradas de las más bellas del sur de Francia. También encontramos la Pierre du siège (Piedra del asedio), una losa de piedra esculpida con una representación del sitio de Toulousse durante la cruzada albigense. Otro elemento interesante es la lápida de la tumba de Simón de Montfort, jefe de dicha cruzada, que posteriormente fue vizconde de Carcassonne y Béziers.

La Porte d’Aude

De la plaza que da acceso al castillo sale la rue de la Porte d’Aude. Siguiendo la calle llegamos al portal. Es una de las cuatro puertas que dan acceso a la ciudad fortificada, coincidiendo con los cuatro puntos cardinales. Junto con la Porte Narbonnaise, son las dos más importantes. La Porte de l’Aude es en realidad un complejo sistema defensivo, con arcos sin puertas, recovecos y entrecruzamientos que hacían que los atacantes quedasen expuestos a disparos desde todos los ángulos. Situada al oeste, el objetivo de esta parte de la muralla era impedir que el enemigo se situara entre el río Aude y la ciudadela.

Porte de l'Aude, Carcassonne
Porte de l’Aude

Le Pont Vieux y la Square Gambetta

La mañana en que nos íbamos de Carcassonne nos acercamos hasta el Pont Vieux (El Puente Viejo). Aparcamos el coche en la misma avenida Général Leclerc, poco antes de llegar a Le Pont Neuf (El Puente Nuevo). Desde allí nos acercamos paseando hasta Le Pont Vieux para hacer las últimas fotografías de la ciudad medieval.

Le Pont Vieux (El Puente Viejo) se construyó en el s.XIV, debido a la necesidad de disponer de un puente para conectar La Cité con la ciudad nueva o Bastide de Saint-Louis, creada el siglo anterior. Hasta su finalización, el río Aude se atravesaba mediante un vado situado en el Moulin du Roy, muy cerca del puente. Consta de doce arcos y tiene 210 metros de longitud y 5 metros de ancho de paso. Para edificarlo se instituyó un impuesto especial, y su construcción se realizó “arco a arco”, es decir, se iba construyendo según los recursos disponibles. Se acabó alrededor de 1320. Fue el único vínculo entre las dos partes de la ciudad hasta que se hizo el Pont Neuf  (Puente Nuevo) en 1841.

Le Pont Vieux, Carcassonne
Le Pont Vieux.

Ya que estábamos muy cerca, fuimos hasta Square Gambetta. Es una gran plaza que se encuentra cruzando Le Pont Neuf desde la avenida Général Leclerc. Esta plaza es la entrada a la Bastide de Sant-Louis, que nosostros no visitamos. Nos faltó tiempo. Tan solo entramos en la Bastide una vez, buscando una tienda para comprar algún ingrediente para cocinar, no recuerdo qué. Así que la fotografía de Square Gambetta que sigue es la última de nuestra visita a Carcassonne. ¡Hasta siempre!

Square Gambetta, Carcassonne
Square Gambetta

Información Útil

Torneos de caballeros: En verano se celebran torneos de caballeros en el Castillo de Carcassonne, a las 15:00 horas y a las 16:45 horas. 12€ adultos, 6€ niños entre 5 y 10 años. Todos los días excepto los sábados.

Entradas para el castillo: El precio es de 9€ / adulto, aunque se puede entrar gratis si se cumplen algunos requisitos. Más información y compra por anticipado aquí.

Turismo de Carcassonne (Web)
Oficinas: Ciudad Fortificada Medieval: Impasse Agnes de Montpellier.
Bastida de San Luis: Rue de Verdun, 28.

Alojamiento en  Carcassonne

Viajar en tren a Carcassonne

Alquiler de coches en Carcassonne: Avis | AutoEurope |

Buscador de vuelos Skyscanner.

(Fecha del viaje: Sábado 25 y domingo 26 de agosto de 2018)

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