Andorra la Vella, la capital de los Pirineos

Andorra la Vella

Siempre que pienso en Andorra la Vieja (oficialmente Andorra la Vella) me asaltan recuerdos de la niñez, de cuando mi abuelo paterno trabajaba allí. En consecuencia, de vez en cuando íbamos toda la familia a visitarle. A bordo de un Seat 600, con la baca cargada de maletas y nosotros apretados como sardinas en el interior del pequeño utilitario. Largas horas de ruta durante las cuales parábamos a desayunar o comer en algún campo recóndito al lado de la carretera, sentados en la primera piedra que encontrábamos a la sombra de los olivos. Unos bocadillos, la bota de vino, agua, fruta, un termo con café. Y al cabo de un rato, carretera y manta. Aún hoy me parece percibir el eco de aquella emocionante sensación de aventura, de gran viaje, con frontera y aduana incluidas.

Érase una vez un piso en la calle Les Canals…

Así fue durante unos once años, hasta que el abuelo se jubiló y abandonó el piso de alquiler donde vivía. Estaba en la calle Les Canals, casi tocando a la Avenida Meritxell, en pleno corazón de Andorra la Vella. Se accedía a él pasando por una pequeña galería comercial que aun existe. De aquel apartamento sin lujos, con los muebles justos e incluso alguna habitación sin ninguno, guardo momentos memorables. De la familia, y también de amigos de mis padres con sus respectivos hijos, que nos acompañaron alguna vez. Con todos metidos en la cocina, haciendo una tortilla de patatas, pan con tomate o cualquier otra cosa para salir del paso, se formaba un feliz ajetreo de gente, risas y planes. No disponía de televisor, pero sí de un radiocasete en el que a menudo se escuchaba a Mireille Mathieu y su gran éxito La paloma adieu.

Andorra la Vella
Enfrente, la calle les Canals, cruce con Avenida Meritxell en primer término

Un poco más arriba, aproximadamente a la altura de la calle Mossèn Tremosa, había una gasolinera, desaparecida hace años, donde llenábamos el depósito del coche antes de volver a casa. Un poco más abajo, en un bar que se encontraba a escasos metros de la Avenida Meritxell, descubrí y probé la primera pizza de mi vida. Juraría que hasta ese momento ni tan siquiera había escuchado el dichoso palabro. Me gustó muchísimo, y por alguna extraña razón, siempre recuerdo que mi pizza inaugural llevaba olivas…

Todo cambió cuando el abuelo se jubiló, se fue de Andorra y regresó a su tierra. Con su marcha, desapareció el vínculo que teníamos con la ciudad, e inevitablemente los viajes al pequeño principado decayeron repentinamente. Pero todos aquellos recuerdos perduran, y siempre que vuelvo siento que estoy en un lugar entrañable y muy especial.

Llegando a Andorra desde Francia

Para mi hijo Julià, esta sería su primera visita al país. Personalmente, aunque había estado muchas veces en Andorra, nunca antes había entrado por el norte, desde Francia. Así que ambos estrenamos algo. Viajamos desde Toulouse, última etapa de nuestro road trip por Occitania. Antes de llegar a Andorra visitamos Rieux-Volvestre y su poblado galo, y la localidad de Foix. Cabe decir que el acceso por la parte francesa es mucho más accidentado. Probablemente ello sea una de las razones por las que en Andorra siempre hay muchos más españoles que franceses.

Por la N-22, carretera por la que viajamos desde Foix, sobretodo a partir de l’Hospitalet-près-l’Andorre, el recorrido se torna bastante escarpado, con pronunciadas cuestas y muchas curvas. Paralelas a la calzada, las largas y estrechas balizas de colores clavadas en el suelo —para medir las cotas de nieve— nos recuerdan dónde estamos.

Cuando llegamos al Pas de la Casa (2.050 m), ya en Andorra, podemos acortar metiéndonos por el túnel d’Envalira (de pago). Así evitamos el puerto d’Envalira (2.408 m), una carretera con un recorrido tortuoso y a menudo cortada en invierno como consecuencia de la nieve. El túnel, construido entre 1999 y 2002, está catalogado como el más alto de Europa (entre los 2.043 y 2.052 metros), y tiene una longitud de casi tres kilómetros.

Andorra la Vella
Andorra la Vella, en el fondo del Valle. (Image by herb1979 on Pixabay.)

Desde que entramos en el túnel hasta el centro de Andorra la Vella hay unos 25 km. El tráfico es intenso y circulamos despacio, aunque el recorrido resulta entretenido. A medida que descendemos hacia el fondo del valle donde se encuentra Andorra la Vella, vamos dejando atrás indicadores con nombres míticos para los aficionados al esquí: Grau Roig, Soldeu, el Tarter. Pasamos por Canillo y Encamp. A lo largo de la sinuosa carretera se suceden numerosas urbanizaciones, donde entre bellos paisajes de montaña destacan los típicos edificios de piedra con tejados de pizarra. Quizás por la novedad, la entrada al país por el norte me pareció mucho más afable que el conocido acceso sureño, con mucho tráfico, centros comerciales y gasolineras.

Andorra la Vella, la capital del país de los Pirineos

Andorra la Vella cuenta con unos 23 mil habitantes. Es la capital de Andorra, un pequeño país de 468 km2 incrustado en los Pirineos, entre España y Francia. Solamente un 8% de la superficie del país está urbanizada, el resto es pura naturaleza: bosques, montañas, cimas, lagos y ríos. A una altitud de 1.022 metros, Andorra la Vella es la capital de Estado a mayor altitud sobre el nivel del mar de toda Europa. También el núcleo urbano más poblado de los Pirineos. En total el país tiene unos 76.000 habitantes, distribuidos en siete parroquias: Canillo, Encamp, Ordino, La Massana, Andorra la Vella, Sant Julià de Lòria y Escaldes-Engordany.

La primera mención documentada de Andorra es del año 843. Hasta bien entrado el siglo XX, Andorra fue un territorio aislado, con condiciones de vida y régimen político más propios de la época medieval. Hasta 1914 no se construyó la primera carretera que la comunicó con el extranjero (Seu d’Urgell) y en 1933 la que comunica con Francia. De hecho, la Constitución de Andorra no se aprobó hasta 1993, y supuso el impulso definitivo para el país y su pleno reconocimiento internacional. También representó la abolición definitiva de la pena de muerte, aunque la última ejecución se produjo en 1943.

Andorra la Vella
Andorra la Vella. Plaza Príncep Benlloch, con la iglésia de Sant Esteve a la izquierda, año 1906. (Cliché Labouche – www.andorraantiga.com)
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La iglésia de Sant Esteve, desde la plaza Príncep Benlloch, año 2018.

La lengua oficial de Andorra es el catalán. Sin embargo, como en Cataluña, casi todos sus habitantes hablan perfectamente el castellano. Estos dos idiomas son los más frecuentes con diferencia. En mucha menor medida, el portugués y el francés también están presentes, debido la población portuguesa y francesa residente en el país.

Andorra no dispone de estación de tren, aunque existen autobuses que unen la ciudad con las estaciones de Puigcerdá y Lleida, así como L’Hospitalet-près-l’Andorre en Francia. El aeropuerto más cercano es el de Andorra-La Seu, en la Seu d’Urgell (Lleida), y los aeropuertos internacionales más próximos son los de Toulouse, Girona, Perpiñán y Barcelona.

El Hotel de l’Isard

Nuestro primer objetivo al llegar a la ciudad es ir directamente a nuestro alojamiento. Por primera vez desde que iniciamos este viaje, será un hotel. Concretamente el Hotel de l’Isard (***) en la Avenida Meritxell. Lo escogimos porque está en pleno centro de Andorra la Vella, en la principal arteria comercial de la ciudad y muy cerca del centro histórico. Además, a escasos metros tenemos un aparcamiento municipal, aunque es de pago. A decir verdad, su ubicación es perfecta.

Andorra la Vella
El Hotel de l’Isard, en pleno centro comercial de Andorra la Vella, fue el “centro de operaciones” durante nuestra estancia en Andorra. (Foto: Booking.com)

Llegamos a la ciudad hacia las ocho de la tarde. Aparcamos y nos dirigimos al hotel, a unos 200 metros. La chica de recepción, muy amable, accede a guardarnos en una nevera una bolsa con alimentos perecederos que nos ha sobrado de nuestro viaje por Occitania. Subimos a nuestra habitación con el ascensor, ya que vamos algo cargados. Es amplia, está bien equipada y dispone de wifi gratis. Destaca el verde manzana con el que están pintadas las vigas del techo y otros elementos, que le da alegría a la estancia. Y nos llama la atención una escalera de madera, que sube hasta un altillo con una cama extra, que obviamente no utilizamos.

Después de una reparadora ducha en una ídem demasiado pequeña, bajamos al bar-restaurante del hotel. Nos aposentamos en su animada terraza, en la misma Avenida Meritxell, justo al lado de un McDonald’s. Tomamos algo, y a continuación vamos paseando hacia la calle Les Canals. Como no podía ser de otra manera, al pasar por delante del edificio en cuestión, le explico a mi hijo que allí vivió su bisabuelo, y que sus abuelos y su padre iban a visitarle de vez en cuando, y bla bla, etc etc. En la calle Cap del Carrer, ya en en centro histórico, entramos en uno de los restaurantes que encontramos a nuestro paso, La Focacceria Cap del Carrer. Nos pedimos unas porciones de pizza y cenamos tranquilamente en la terraza del local. Después volvemos al hotel. Ya es noche cerrada y por la calle se ve poca gente. Mientras andamos, continúo castigando a mi hijo con las aventuras de su padre en Andorra, cuando tenía más o menos su misma edad.

Andorra la Vella, un gran centro comercial lleno de vida

Segundo día en Andorra. Nos levantamos y bajamos al elegante bar del hotel a desayunar. Esta vez nos instalamos en la barra, que además de una amplia oferta de desayunos, dispone de unos cómodos y mullidos taburetes. Luego, tranquilamente, bajamos por la Avenida Meritxell, en dirección contraria a la que tomamos ayer para ir a cenar. Llegamos hasta la Plaza de la Rotonda, en donde la Avenida Meritxell atraviesa el río Valira. En la plaza encontramos una Oficina de Turismo. Entramos, saludamos, curioseamos, cogemos unos cuantos folletos y volvemos a salir.

Andorra la Vella
Avenida Meritxell

De pequeño, cuando llegábamos a Andorra, después de descargar los bártulos del Seat 600 y subirlos al piso del abuelo, salíamos a pasear por la Avenida Meritxell. Uno de nuestros lugares favoritos eran los grandes almacenes Pyrénées. Invariablemente, mis padres siempre compraban queso holandés Sombrero de Copa, azúcar, café, tabaco, algún licor y quesitos La vache qui rit. Y de vez en cuando algún aparato electrónico, ya que en Andorra eran más baratos.

Así que la Avenida Meritxell es, por simple repetición, la zona de Andorra que mejor conozco y de la que guardo más recuerdos. Actualmente, esta avenida continua siendo la mayor avenida comercial de los Pirineos, en la que viajeros y turistas tienen una visita obligada. En ella encontramos comercios de todo tipo: moda, joyería, perfumería, electrónica, tabaco, hoteles, bancos, restaurantes, bares… Y los grandes almacenes Pyrénées. 

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Avenida Meritxell.

Pero el paseo por la ciudad hoy es corto, ya que tenemos una cita con Naturlandia, el parque de aventuras de Andorra. Pasamos todo el día allí. Comemos en un restaurante dentro del parque, y hacia las seis de la tarde volvemos al hotel. Nos duchamos, nos cambiamos de ropa y salimos a tomar algo por los alrededores. Por la noche nos acercamos a la Plaza Guillemó. Cenamos en un restaurante bajo los porches y pasadas las once de la noche nos vamos a dormir.

El centro histórico de Andorra la Vella

Esta vez, antes de regresar a casa, vamos a hacer algo que a pesar de haber estado en Andorra al menos una decena de veces, nunca había hecho antes. Visitar detenidamente su centro histórico, ni más ni menos. Este comprende los barrios del Pui, el Puial, el Barri Antic, el Cap del Carrer, la plaza del Poble y la plaza Rebés. Puede parecer mucho, pero en realidad se puede visitar perfectamente en una mañana.

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Mapa del Centro Histórico de Andorra la Vella, con todas sus zonas.
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Centro histórico de Andorra la Vella —Barri Antic—.

La iglesia de Sant Esteve

La iglesia de Sant Esteve está en la plaza Príncep Benlloch. Es un edificio de origen románico, del que conserva el ábside. Las pinturas románicas originales se encuentran repartidas entre el Museo Nacional de Arte de Cataluña y dos colecciones privadas. En el exterior se puede ver el ábside semicircular con la decoración lombarda de origen, así como la torre de época romana y el campanario. En 1940 fue remodelada por el arquitecto modernista Josep Puig i Cadafalch. La entrada es gratuita. En la misma plaza se hallan las casas solariegas históricas Casa Cintet, Casa Guillemó i Casa Molines, así como el Comú d’Andorrra la Vella (Ayuntamiento).

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Iglesia de Sant Esteve.

La Casa de la Vall

Este caserío construido en 1580 sobre una roca con vistas al valle del río Valira, es el edificio con más carga simbólica del país. Es de planta cuadrangular y sigue la tipologia de las masías señoriales catalanas. Destacan algunos elementos defensivos como la tronera, la torre y los matacanes. El parlamento de Andorra —el Consell General, cuyo origen se remonta a 1419— se lo compró a la familia propietaria en 1702 para adaptarlo como sede institucional. En la Sala del Consell se encuentra el armario de las Set Claus (siete llaves), llamado así porque tan solo puede abrirse en presencia de los representantes de las siete parroquias del país, cada uno con su llave.

Andorra la Vella
La Casa de la Vall. En 1419 se constituyó una organización interparroquial conocida como Consell de la Terra, la cual se transformó en el Consell General de les Valls d’Andorra.

En 1962 fue reformado, mejorando su estado de conservación. En febrero de 2011 se celebró la última sesión del Consell General, institución que se trasladó a un edificio de nueva planta, también en Andorra la Vella. La Casa de la Vall puede visitarse, aunque con reserva previa y visita guiada obligatoria (5€ entrada normal y 2,50€ la reducida).

El Mercat de la Vall

El Mercat de la Vall se celebra entre mayo y octubre, el primer sábado de cada mes. Durante la temporada, las calles y plazas del centro histórico se llenan de paradas con productos agrícolas, artesanía, bisutería trabajada a mano, cosmética natural, artículos de patchwork, antigüedades, e incluso talleres gratuitos para niños y adultos. Así que además de visitar el Barri Antic de la ciudad, si la visita coincide con las fechas indicadas se puede disfrutar de este singular mercado, así como de los muchos comercios y restaurantes de la zona.

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Paradas de productos típicos y artesanía en la plaza Príncep Benlloch.

El centro termal Caldea, un paraíso acuático en los Pirineos

Otra de las visitas imprescindibles en Andorra es el Centro Termolúdico Caldea. Aunque técnicamente se encuentra en la parroquia de Escaldes-Engordany, en la práctica está muy cerca de Andorra la Vella. Se trata de un gran complejo termal, en donde destaca su gran laguna interior con agua a una temperatura que oscila entre 32º C y 34º. No vale la pena detallar aquí todo lo que se puede hacer en Caldea: baños indoromanos, saunas, hammam, jacuzzis exteriores, tazas de hidromasaje, el circuito de reactivación o las terrazas exteriores. Toda esa información está en su página web oficial.

Es una auténtica gozada disfrutar de los chorros a presión en sus tazas de hidromasaje, o bañarse en su gran laguna interior y sin salir del agua, acceder a la laguna exterior y disfrutar del paisaje nevado y/o nocturno, confortablemente zambullidos en agua caliente.

Andorra la Vella
Imagen promocional de Caldea, donde aparece parte de la laguna interior, y un par de piscinas circulares de hidromasaje. Foto: caldea.com

Mi primera experiencia en Caldea fue en 1997, cuando el centro llevaba tres años abierto. Entonces era mucho más joven y descerebrado, y fui a Andorra la Vella a pasar un fin de semana con unos amigos. Descuidando por completo las normas de buena conducta que deben observarse en un lugar de relax y sosiego como Caldea, nos tirábamos de cabeza al agua y corríamos persiguiéndonos por las instalaciones. Los monitores sonaban sus silbatos para llamarnos la atención, ante la mirada atónita de los clientes, que debieron preguntarse de que cueva había salido aquella tribu de trogloditas. La broma se acabó cuando resbalé, me caí y me golpeé el pie, provocando una pequeña herida sangrante, sin ninguna gravedad. Me atendieron en la propia enfermería de Caldea, y la persona que me atendió me preguntó, retóricamente y con algo de sarcasmo, si el accidente se había producido “por hacer el burro”.

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El característico edificio del centro termolúdico Caldea. (Foto Pixabay)

Desde entonces no había vuelto a Caldea. Esta vez lo hice con mi hijo, y naturalmente me abstuve de comentarle las andanzas de su padre en su anterior visita. Una vez dentro lo llevé a Likids, un spa exclusivo para niños y niñas entre 3 y 8 años. Mientras yo me zambullía en la cálida laguna y disfrutaba de relajantes hidromasajes, él se lo pasaba bomba en compañía de niños de su edad, realizando actividades bajo la atenta vigilancia de los monitores. Al dejarlo allí, a cambio me dieron un teléfono móvil mediante el cual me comunicarían cualquier incidencia, en caso de haberla. El teléfono está envuelto en una bolsa impermeable que se cuelga del cuello, para que no moleste demasiado. Al cabo de una media hora sonó. Me avisaban que Julià quería dar por finalizada su experiencia en Likids y continuar la estancia en Caldea junto a su padre. Así que lo fui a buscar y estuvimos juntos el resto del tiempo.

Naturlandia, el parque de aventuras de Andorra

Aunque no se encuentra en Andorra la Vella, Naturlandia es otra de las visitas obligadas y merece un post aparte. Se encuentra a unos 15 km, en la parroquia de Sant Julià de Lòria. Situado entre los 1.600 y 2.000 metros de altitud y rodeado de más de 800 hectáreas de bosque, este parque ofrece actividades de naturaleza, aventura, atracciones, un parque zoológico y hasta una estación de esquí nórdico. Entre las atracciones, sin duda destaca el Tobotronc, el tobogán de naturaleza más largo del mundo, con un recorrido de 5,3 km.

Naturlandia Andorra
Raíles de subida del Tobotronc. El trayecto ascendente hasta el inicio del descenso dura unos diez minutos.

También dispone de un sky trail —el más grande de Europa, según el propio parque— con emocionantes recorridos entre cuerdas, plataformas y pasarelas a 13,5 metros del suelo, finalizando con una tirolina de casi 180 metros. Otras actividades en Naturlandia son el Tiro con arco, minigolf, circuito de buggy, camas elásticas, el mega inflable Xtrem Jump, donde se puede saltar desde 2 o 4 metros sobre un gran colchón; ponis, parque de animales, tubby, talleres infantiles, raquetas y motos de nieve o rutas a caballo. Imprescindible si se viaja con niños y muy recomedable en cualquier circunstancia.

Otras cosas que ver y hacer en Andorra la Vella

Además de visitar el centro histórico e ir de shopping, en  Andorra la Vella tenemos otras muchas cosas que ver y hacer. Paseando por sus animadas calles, contemplamos esculturas en la calle como La Noblesse du temps —el famoso reloj colgado de un árbol de Salvador Dalí— en la plaza de la Rotonda. O los 7 poetes, un conjunto formado por siete figuras humanas, cada una de ellas sentada sobre una columna de 10 metros de altura, frente a la nueva sede del Consell General. Diseminadas a lo largo del municipio existen un gran número de obras de reconocidos artistas internacionales.

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Parte de los 7 Poetes, metáfora de las siete parroquias de Andorra, obra de Jaume Plensa.

Y sin dejar de pasear, podemos contemplar el vanguardista Puente de París que salva el río Valira conectando la Avenida Mitjavila con la calle Consell d’Europa. Considerado uno de los más importantes de Andorra y del sur de los Pirineos, La Margineda es un yacimiento arqueológico que muestra hasta cinco etapas de poblamiento, desde la edad del bronce hasta el s.XIX. En el Word Champions Museum los aficionados a los deportes de motor encontrarán una colección del piloto Jorge Lorenzo, así como piezas únicas de campeones del mundo de Fórmula 1 y motociclismo.

Para relajarse, nada mejor que el Parc Central, una zona verde de 33.000 m2, con áreas infantiles, zonas acuáticas o un skate park. En verano cuenta con una zona de voley-playa, así como bar restaurante con terraza. Y para los incondicionales de la cadena, en 2017 abrió sus puertas el Hard Rock Cafe Andorra, en la c/ Sant Salvador de la capital. Por supuesto, en un país con más del 90% de su superficie de pura naturaleza, no podemos olvidar las excursiones. Existen diversos circuitos, así como miradores, merenderos y vías de escalada. Destaca el valle del Madriu-Perafita-Claror, declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO en la modalidad de paisaje cultural. En la plaza Lídia Armengol se halla el Portal de la Vall, un centro de atención al visitante donde encontrar todas las opciones de ocio en el valle.

Cerca de Andorra la Vella

Por supuesto, si ampliamos nuestra visita a las demás parroquias del país, todas ellas cerca de la capital, las actividades se multiplican. Aunque no es el objetivo de este post, vale la pena mencionar algunas. El país cuenta con los dominios esquiables de Grandvalira —el más grande de los Pirineos, con más de 200 km de pistas—, Vallnord – Ordino Arcalís, Vallnord – Pal Arinsal y la estación de esquí de fondo de La Rabassa, en Naturlandia. También con la estación especial para debutantes Parador Canaro, equipada con pequeñas pistas de esquí aptas para todas las edades. Los aficionados al golf cuentan con el campo de golf a mayor altitud de Europa, el Grandvalira Golf Soldeu, con nueve agujeros.

El pequeño principado atesora un importante patrimonio prerrománico y románico, con una constelación de iglesias repartidas por las siete parroquias. En el pueblo de Pal se halla en Centro de interpretación Andorra Románica. Punto aparte merece la Basílica Santuario de Nuestra Señora de Meritxell, en Canillo, un conjunto histórico dedicado a la patrona de los Valles de Andorra.

Andorra dispone de una amplia red de museos. Algunos de ellos son el Museo de la Moto en Canillo, el Museo Nacional del Automóvil en Encamp, o el Museo La Massana Còmic en La Massana, dedicado al mundo del cómic. En Escaldes-Engordany se encuentran el Museo del Perfume y el Museo Carmen Thyssen Andorra; y en Sant Julià de Lòria el Museo del Tabaco.

La curiosa historia del rey ruso de Andorra

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Borís Skósyrev. Foto tomada en el Consell General de Andorra el 17 de mayo de 1934. Foto: Wikimedia.

Leyendo sobre Andorra, dí con una historia sorprendente que no conocía. No he podido resistir la tentación de incluirla en este post, y ejercerá como colofón del mismo. Se trata de una curiosidad de corte político de las más extravagantes de Europa, ahí va:

El protagonista de la historia fue un barón ruso llamado Boris Skossyreff. Aventurero y políglota, sirvió en la Armada británica, y trabajó de espía en Siberia (Unión Soviética), Japón y Estados Unidos. Gracias a sus grandes dotes persuasivas, se fue ganando la confianza de los andorranos, hasta que el 17 de mayo de 1934 presentó un osado plan a diversos parlamentarios y peces gordos del lugar. Este no era otro que convertir a Andorra en uno de los centros empresariales y económicos más importantes del mundo, a semejanza de otros principados europeos como Mónaco, Liechtenstein o Luxemburgo.

A cambio de conseguir tal prosperidad para el país, pidió ser proclamado príncipe de Andorra por su Consell General (Consejo General). Sorprendentemente, la propuesta obtuvo la adhesión casi total de los veinticuatro consejeros, a excepción del representante de la parroquia de Encamp, iniciándose los trámites para establecer la monarquía en Andorra.

Si cabe, aun fue más surrealista como acabó la aventura. El 8 de julio, el único consejero contrario al plan de Skossyreff, comunicó la trama al obispo de Urgel (co-príncipe de Andorra junto al presidente de la República francesa). El 21 de julio, un contingente militar formado por cinco guardias civiles invadió Andorra, asaltaron la residencia oficial del rey Boris I y lo arrestaron, trasladándolo esposado a la cárcel de la Seu d’Urgell. A la mañana siguiente fue llevado a Barcelona, donde fue puesto a disposición del juez encargado de los casos relacionados con la Ley de Vagos y Maleantes. El 23 de julio fue trasladado a Madrid en tren, acompañado de dos agentes en un vagón de tercera. Poco después, sin haber cometido ningún delito en España, fue expulsado a Portugal, desde donde inició una serie de periplos que le llevaron a Tánger, Gibraltar, Francia, Rusia y Alemania. Existe una entrada con más información sobre el tema en Wikipedia.

(Fecha del viaje: 30 de agosto – 1 de septiembre de 2018)

Información útil

Oficina de Turismo de Andorra la Vella – Plaça de la Rotonda, Andorra la Vella.

Vall del Madriu-Perafita-Claror, Patrimonio de la Humanidad.

Parque de Naturaleza Naturlandia – Sant Julià de Lòria

Centro Termolúdico Caldea – Escaldes-Engordany

Alojamiento en Andorra la Vella

Viajar en tren a Andorra la Vella. El país no dispone de ferrocarril, aunque existen autobuses que unen la ciudad con las estaciones de Puigcerdá y Lleida, así como L’Hospitalet-près-l’Andorre en Francia. Web ferrocarriles Oui-SNCF.

Alquiler de coches: Avis | AutoEurope | Budget |

Buscador de vuelos Skyscanner (El aeropuerto más cercano es el de Andorra-La Seu, en la Seu d’Urgell (Lleida), y los aeropuertos internacionales más próximos son los de Toulouse, Girona, Perpiñán y Barcelona).

2 Comentarios

  1. ¡Vaya post completo!

    A Andorra la Vella le tengo mucho cariño porque fue la primera frontera que crucé. Fui de pequeña con mis padres y mi hermano y me jactaba de haber estado en otro país al regresar al pueblo y contárselo a mis amistades.

    Después regresé un par de veces más: una para dar un concierto en la Seu d’Urgell y otra con el instituto – ahí fue cuando fui pro primera vez a Caldea.

    Hará un par de primaveras estuvimos de viaje de Semana Santa, ya con JJ, y vi Andorra la Vella muy cambiada. Ya no es aquel paraíso de las compras, y la sentí un poco decadente. Aún y así, creo que es un buen destino para disfrutar de la naturaleza – aunque las construcciones en la montaña a veces sean un poco raras -, de vistas impresionantes y de núcleos urbanos encantadores.

  2. Hola Marina, me hace mucha ilusión tu comentario. Como explico en el post, mi caso es muy parecido al tuyo. Andorra también fue el primer país extranjero que visité, la primera vez que me llevaron mis padres tendría 4 o 5 años, y la última que fuí con ellos tendría unos 12. Luego estuve bastantes años sin ir, hasta que volví ya de más mayorcito, con amigos. Entre la Andorra de mi niñez y la de ahora, sobretodo noto que ha crecido. Recuerdo el puentecillo con sencillas barandas de hierro por donde la Avenida Meritxell cruzaba el río Valira, en lo que ahora es la gran plaza de la Rotonda (si no recuerdo mal). Mas allá del puente, ahora la continúa la avenida con modernos edificios y galerías comerciales, pero en mis recuerdos infantiles esa zona la recuerdo muy diferente, sin los modernos edificios que hay ahora, y con aquella sensación de que más allá de aquel puente, entrábamos un poco en las afueras de la ciudad. Obviamente, son recuerdos de infancia, y no sé hasta que punto la percepción que tengo ahora de aquellos años es real.
    En fin, que a mi Andorra la Vella también me trae muy buenos recuerdos, y es una ciudad que siempre llevaré en el corazón. ¡Saludos!

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