Lyon, entre las 3 grandes de Francia

Lyon, capital de la región de Auvernia-Ródano-Alpes (Auvergne- Rhône- Alpes), es la tercera ciudad de Francia en número de habitantes, tras París y Marsella. La ciudad cuenta unos 520.000 habitantes y su área urbana, con casi 2 millones, es la segunda del país. También es la segunda ciudad universitaria de Francia, acogiendo en su área metropolitana a más de 140.000 estudiantes.

Así que lógicamente, tal cantidad de gente joven convierten Lyon en una urbe muy dinámica y con ese ambiente especial de las ciudades universitarias, donde siempre hay algo que hacer, ya sean actividades culturales o de ocio. En ambos ámbitos, hay mucho que ver en Lyon, y si algo es seguro es que no hay lugar para el aburrimiento. Tanto es así, que fue ganadora del galardón «Destino turístico emergente líder en el mundo 2021» y el 2º mejor «Destino urbano europeo» de los World Travel Awards, una especie de «Oscar» del Turismo.

Breve historia de Lyon

Aunque el lugar ya estaba ocupado desde tiempos prehistóricos, Lyon fue fundada en el año 43 a. C por los romanos, en la colina de Fourvière. La llamaron Lugdunum. Durante más de 300 años fue capital de la Galia, entre los años 27 a. C y 297 d.C. Tras la desintegración del imperio romano occidental, los burgundios extendieron sus dominios e hicieron de la ciudad una de las capitales de su reino entre 411 y hasta 534, cuando los francos la incorporaron a sus territorios.

Durante la Edad Media, Lyon perdió su estatus de capital importante, alejándose de los centros de poder. Durante ese largo periodo, las transformaciones urbanas fueron modestas, aunque se inició la construcción de la Catedral de Saint-Jean. Con la llegada del Renacimiento, vive una época dorada. Su población se triplica, llegando a los 75.000 habitantes a mediados del siglo XVI. La Croix-Roussse se densifica, se completa el puente de piedra sobre el Ródano y llegan banqueros florentinos y comerciantes de toda Europa.

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En verde oscuro, el reino de los Burgundios en el año 443, y en verde claro en 476. Marco Zanoli, CC BY-SA 4.0 – via Wikimedia Commons.

Durante los siglos XVII y XVIII la urbe crece, acabando el siglo con cerca de 100 mil habitantes. Se construye la Loge du Change, la economía va viento en popa gracias al comercio de la seda, que se convierte en el motor económico de Lyon. En el siglo XIX se trasforma y crece espectacularmente. La llegada de trabajadores atraídos por la industria provoca la construcción de nuevos barrios. La ciudad se expande fuera de sus antiguas murallas. Se construye una de las primeras líneas ferroviarias de Francia, la Universidad, la Basílica de Nuestra Señora de Fourvière, puertos fluviales y empresas siderúrgicas. Finalizando el siglo, Lyon tiene 466 mil habitantes.

En el siglo XX se desarrolla el barrio de La Duchère y el Lycée du Parc, se construyen la Grande Halle des abattoirs (Halle Tony-Garnier), el Stade de Gerland, la Oficina Central de Correos y la Place de la Charité. Se inaugura un nuevo aeropuerto, el Metro en 1978 y en 1981 la primera línea ferroviaria de alta velocidad en Francia, entre Lyon y París. A finales de siglo cuenta con 445 mil habitantes.

Place des Terreaux

Tras un buen desayuno en el Camping de Lyon, recorremos los 200 metros que separan el camping de la parada del autobús (sentido Gare de Vaise). En 20 minutos llegamos a Gare de Vaise, donde cogemos otro autobús, el C14, sentido Jean Macé. En otros 20 minutos bajamos cerca de la Place des Terreaux (plaza del Ayuntamiento), en pleno centro.

Para moverse en transporte público por la ciudad, existe una aplicación de la red de Transports Communs Lyonnais (TCL), donde se pueden planificar las rutas, además de encontrar información sobre aparcamientos P+R: su dirección es tcl.fr (en español).

La Place des Terreaux se encuentra en el extremo norte de la Presqu’Ile, que es como se llama la península en la confluencia del Saona (Saône) y el Ródano (Rhône). Es una plaza rectangular, rodeada de bonitos edificios, destacando el Ayuntamiento (Hôtel de Ville, 1672), el Museo de Bellas Artes (Palais Saint-Pierre, 1803) y la Galerie des Terreaux (1855).

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Ayuntamiento de Lyon (Hôtel de Ville), en la Place des Terreaux.

En la plaza destaca una gran fuente que no pasa desapercibida: la Fontaine Bartholdi o Fontaine des Terreaux, un monumento de plomo y hierro de 21 toneladas. Fue diseñada por el escultor Frédéric Bartholdi, el mismo que diseñó la estatua de la Libertad de Nueva York, nacido en Colmar, la pequeña Venecia de Alsacia. Y tiene una curiosa historia.

Bartholdi no la diseñó para la Place des Terreaux si no para la Place des Quinconces, en Burdeos, ya que la fuente representa el río Garona y sus afluentes. Tras algunos aplazamientos, la ciudad de Burdeos acabó escogiendo otro proyecto para su plaza, al parecer por el alto precio de la fuente de Bartholdi.

Ni corto ni perezoso, Bartholdi decidió continuar con su proyecto, que realizó en 1888. Al año siguiente, la fuente se expuso en la Exposición Universal de París de 1889, donde el alcalde de Lyon la vio y quedó seducido por la obra, que acabó comprando para su ciudad. Finalmente, la Fontaine Bartholdi se inauguró en la Place des Terreaux el 22 de septiembre de 1892.

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Fontaine Bartholdi, Place des Terreaux.

Otra curiosidad de la plaza es una particular costumbre de los lioneses: No atravesar nunca la plaza por el centro, en recuerdo del marqués de Cinq-Mars y su compañero François-Auguste de Thou, que fueron ejecutados en 1642 en ese lugar por conspirar contra el famoso cardenal Richelieu.

Y antes de dejar la Place des Terreaux, otra curiosidad. En 1993, durante las excavaciones para construir un aparcamiento subterráneo, se descubrió un recipiente de cerámica con 543 monedas de oro y plata, al parecer enterrados hacia 1360, en tiempos de la Guerra de los Cien Años. El tesoro se exhibe en el Museo de Bellas Artes, en la misma plaza.

A parte de sus elegantes edificios, su monumental fuente, y sus interesantes historias, la Place des Terreaux es un lugar muy popular de reunión de lioneses y visitantes. Cuenta con un buen número de bonitas cafeterías, restaurantes y animadas terrazas. Sin duda, uno de los lugares obligatorios que ver en Lyon. Justo detrás de la Place des Terreaux está la Place de la Comédie, donde se encuentra la Ópera Nacional de Lyon. Más abajo nos ocupamos de ella.

Vieux Lyon y Catedral de Saint-Jean

Desde la Place des Terreaux, nos dirigimos hacia el barrio más típico de Lyon, el Viejo Lyon (Vieux Lyon). Es uno de los barrios más extensos del periodo medieval y renacentista que se conservan intactos en Europa. Se extiende por la orilla derecha del Saona, encajado entre el río y la colina Fourvière. Está catalogado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1998.

En le Vieux Lyon existen tres zonas históricas, organizadas entorno a sendos edificios religiosos de los que tomaron el nombre. Al norte el quartier Saint-Paul, antiguo centro financiero y comercial, y lugar de residencia de la clase adinerada. En el centro, Saint-Jean, barrio del clero y la nobleza, y el más turístico; y en el sur Saint-Georges, donde se establecieron los artesanos.

Por la rue Constantine, en 5 minutos se llega al Quai Saint-Vincent y al Pont la Feuilée, desde donde se obtienen una vistas preciosas del Saona y los edificios ribereños de la Presqu’Ile. Cruzando el puente entramos en el quartier Saint-Paul, en el Vieux Lyon.

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Vista del Saona y los edificios ribereños de la Presqu’Ile, desde el Pont la Feuilée.

Ya en la rue Saint-Jean, la calle principal del quartier del mismo nombre y una de las más concurridas de Lyon, encontramos la zona más turística de le Vieux Lyon. Decenas de restaurantes, bouchons (restaurantes típicos de la ciudad), talleres de arte, librerías, artistas callejeros, bares, terrazas… y mucha gente, y más si la visita se realiza durante los meses de verano. Aunque aun así, vale mucho la pena ver y vivir el gran ambiente del barrio.

En el número 60 de la calle, se encuentra el Musée Cinéma et Miniature. En el museo se exponen objetos originales del mundo del cine, tales como decorados interiores de la película «El Perfume«, la ropa de Kevin Kostner en «Robin Hood», una barita mágica y las inconfundibles gafas redondas de «Harry Potter», maquetas de «Alien», un «Gremlin» o uno de los trajes de «Spiderman», entre otras curiosidades. Una visita obligada para los cinéfilos y aficionados al séptimo arte.

Lyon Musée Cinéma et Miniature
Musée Cinéma et Miniature.

Apenas a dos minutos del museo, al final de la rue Saint-Jean, se encuentra la Place Saint-Jean, la plaza más antigua de la ciudad y corazón de le Vieux Lyon. Allí está la Catedral de Lyon o Cathédrale Saint-Jean-Baptiste, cuya construcción empezó en 1175 y no finalizó hasta 1480. Tardó mucho tiempo en construirse, aun así tuvo más suerte que la Catedral de San Justo y San Pastor de Narbona, la tranquila y bella ciudad episcopal, que nunca se acabó.

En la torre izquierda de la fachada principal destaca su reloj astronómico. No es tan espectacular como su homónimo de Praga, la capital de la República Checa, pero es más antiguo. Data de 1379, cuando todavía se creía que nuestro planeta era el ombligo del universo, por eso los cuerpos celestes del reloj giran en torno a la Tierra. Funciona cuatro veces al día, acompañando las campanas de la catedral, a las 12:00, las 14:00, las 15:00 y las 16:00 horas.

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Catedral de Lyon o Cathédrale Saint-Jean-Baptiste.

Siguiendo hacia el sur, en apenas 3 minutos llegamos a la coqueta Place de la Trinité, ya en el quartier de Saint-Georges. Esta zona es mucho más tranquila, sin ajetreo. Más que una plaza es un cruce de calles, aunque hay espacio para un par de cafés con sus terrazas en un bonito rincón.

En la plaza se encuentra la Maison de Guignol, un popular teatro de marionetas que desde desde 1965 entretiene a niños y no tan niños. Cabe subrayar que en Lyon existen un par de lugares más para los aficionados a este arte: Le Petit Musée de Guignol en la rue Saint-Jean 6; y muy cerca de allí, en la place du Petit Collège se encuentra el Musée des Arts de la Marionnette, junto al Museo de Historia de Lyon (Musée d’Histoire de Lyon).

Desde la plaza de la Trinité parte la ascendente calle Montée du Gourguillon, que desde la antigüedad es un camino de acceso a la colina de Fourvière. También parte de allí la rue Saint-Georges, aunque cuesta abajo, donde muy cerca de la plaza se halla la Traboulé 10-12 rue Saint Georges.

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Montée du Gourguillon, en la Place de la Trinité. A la derecha, el teatro la Maison de Guignol.

Antes de abandonar le Vieux Lyon, mencionar que en los años 60 del siglo XX, el estado del barrio y sus edificios era lamentable, y los proyectos urbanísticos preveían su destrucción y desaparición. Afortunadamente, las tornas cambiaron y en 1964 acabó siendo el primer barrio del país en ser clasificado «sector protegido» por el estado francés.

Basílica Notre-Dame de Fourvière

La Basílica Notre-Dame de Fourvière se encuentra en la colina del mismo nombre, dominando la ciudad desde su elevada posición. Es el emblema de la ciudad y está incluida como Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 1998, dentro del conjunto de Le Vieux Lyon. Se construyó entre 1872 y 1896 con fondos privados, en estilo neobizantino, en el lugar de una pequeña iglesia anterior, y donde en su día se ubicó el foro romano de la entonces llamada Lugdunum.

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Basílica Notre-Dame de Fourvière.

El edificio, obra del arquitecto lionés Pierre Bossan (1814-1888), tiene 86 m de largo y 35 m de ancho. Sus cuatro torres miden 48 m de altura, y simbolizan la fuerza, la justícia, la prudencia y la templanza. La basílica está dedicada a la Virgen María, que según dicen salvó a la ciudad de la epidemia de peste que asoló Europa en 1643. En su interior lo más sorprendente es su distribución, con dos iglesias superpuestas, conectadas por una monumental escalera llamada «Escalera de la Sabiduría».

La iglesia superior es la principal, con una decoración espectacular y dedicada a la Virgen María. Destacan sus tres cúpulas sostenidas por 16 columnas, sus vidrieras y sus ocho capillas laterales, que muestran diversos episodios de la vida de la Virgen. La iglesia inferior, también llamada La Cripta, está dedicada a San José. Es más sobria que la superior, y la intención inicial de Bossan era que fuese su entrada principal, para que luego los feligreses continuaran su camino hacia la luz, simbolizada en la iglesia superior.

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Iglesia superior, con su espectacular decoración.

La manera más práctica de subir hasta la basílica es en funicular o «ficelle«, como lo llaman los lioneses. Desde la Catedral de Saint-Jean, en apenas a dos minutos a pie, se encuentra la estación de la línea D del metro Vieux Lyon – Cathédrale Saint-Jean, en la avenida du Doyenné. Desde allí se toma el funicular a Fourvière (línea F2), que en 2 minutos finaliza el recorrido justo ante la fachada de la basílica. Desde la misma estación se toma el funicular a Saint-Just (línea F1), que tiene parada en el Lugdunum (Museo Galorromano y el Teatro Romano).

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Funicular hacia la basílica.

También se puede llegar a pie, lógicamente. Tanto desde la Catedral como desde la Place de la Trinité se tarda unos 20 minutos cuesta arriba. En pleno verano tal vez lo más recomendable sea subir en funicular, y luego bajar a pie paseando hasta el Lugdunum. Desde allí se continua descendiendo hacia el Vieux Lyon por la rue Cleberg, desde donde se disfruta de una buenas vistas sobre el Teatro Romano y la ciudad.

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Lyon desde la calle Cleberg.

Otra opción interesante para volver al Vieux Lyon, es bajar por el Jardín del Rosario (Jardin du Rosaire). Se accede por la explanada que se encuentra a la izquierda de la basílica mirándola de frente (Esplanade de Fourvière). Aunque no bajemos por el jardín, desde la explanada se obtienen unas vistas fantásticas de la ciudad. Atraviesa el jardín un bonito camino serpenteante, que va descendiendo bordeado de arbustos y árboles.

El Jardín del Rosario tiene la salida en la Subida de Saint-Barthélémy (Montée Saint-Barthélémy). El inconveniente es que si pasamos por el jardín, nos perderemos el Lugdunum, que se encuentra en la ladera opuesta de la colina. Aunque una vez en la salida, se puede volver por Subida de Saint-Barthélémy hasta el Lugdunum, a unos 8 minutos (cuesta arriba). O bien una vez en le Vieux Lyon, de nuevo tomar el funicular y esta vez tomar la línea 1, que tiene parada allí.

Lugdunum, la Lyon romana

El museo y los teatros romanos ocupan la ladera donde se fundó la ciudad de Lugdunum en el año 43 a.C. Llama la atención que no hay un teatro, si no dos. El «gran teatro» (le grand théâtre) es el más antiguo de la Galia romana, y llegó a tener capacidad para 10.000 espectadores. A su lado otro más pequeño, el Odeón, que podía albergar hasta 3.000 espectadores. Ambos estuvieron olvidados durante siglos, hasta que fueron recuperados y parcialmente reconstruidos en el siglo XX.

Como en el pasado, actualmente acogen actuaciones teatrales, danza, circo y música. cabe destacar el festival Nuits de Fourvière, que se viene celebrando nada más y nada menos que desde 1946. Por sus escenarios pasan cada verano los mejores solistas y grupos internacionales: Pixies, Joan Baez, Björk, Iggy Pop, Sting, Roger Hodgson, Arctic Monkeys, Texas, Midnight Oil, Patty Smith, Youssou N’Dour, New Order, Radiohead, Massive Attack, Tears For Fears… etc, etc.

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El «gran teatro» (le grand théâtre), y a su derecha el Odeón.

Respecto al Museo Lugdunum, anteriormente Museo Galorromano de Fourvière, fue construido en 1971 e inaugurado en 1975. Se encuentra enterrado en la ladera de la colina, y se accede a él mediante una rampa de hormigón que se bifurca hacia los diferentes espacios del museo. Su interior atesora una de las colecciones arqueológicas más ricas de Francia.

Entre muchas otras, destacan el calendario galo o calendario de Coligny, del siglo I: 600 palabras en lengua celta inscritas en varios fragmentos de un placa de bronce; o la Tabla de Claudia, otra placa de bronce que reproduce el discurso que el emperador Claudio, nacido en Lyon, pronunció en el senado romano en el año 48. También dispone de un espacio infantil.

Plaza de Bellecour

A 10 minutos andando desde la Place de Saint-Jean y la Catedral de Lyon, cruzando el Puente Bonaparte, se encuentra una de las plazas peatonales más grandes de Europa, la Place Bellecour. Ubicada en la Presqu’île, la península formada entre los dos ríos de la ciudad, el Ródano y el Saona, es el punto kilométrico «cero» de Lyon, a partir del cual se cuentan todas las distancias.

Place Bellecour Lyon
Place Bellecour.

Debido a su gran tamaño, es lugar habitual de reunión y punto de encuentro de manifestaciones y conciertos, o grandes celebraciones populares como la Fête des Lumières en invierno, cuando se instala allí una pista de hielo. Otra de las actividades más populares de la plaza es la instalación de una gran noria llamada «La Grande Roue de Bellecour«, entre finales de noviembre a mediados de marzo.

Aunque duela decirlo al ser un lugar tan emblemático, la verdad es que en pleno agosto y a mediodía aquello parecía un inmenso erial desierto y achicharrado por el sol. También es cierto que en uno de los laterales hay una amplia zona arbolada con un parque infantil, donde se ubica una Oficina de Turismo. Seguramente por la noche el ambiente será más animado.

Desde la Place Bellecour parten, en sentidos opuestos, las dos grandes arterias comerciales de la ciudad. La rue de la République y la rue Victor Hugo, ambas repletas de tiendas de lujo, hoteles, cines, restaurantes, cafés y grandes almacenes. En total, más de un kilómetro donde se puede comprar prácticamente de todo sin salir de allí.

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Rue de la République.

La plaza se construyó sobre terrenos agrícolas hacia 1715, aunque el lugar ya era conocido desde el siglo XII como Bella Curtis (jardín hermoso), y en el siglo XVI como Prado de Belle Cour (Pré de Belle Cour), así que los topónimos se han conservado a lo largo de los siglos. En la plaza destacan una estatua ecuestre de Luis XIV y un monumento al célebre lionés Antoine de Saint-Exupéry, autor de El Principito.

Rue Mercière

A 5 minutos de la Place Bellecour o a 5 minutos de la Place des Terreaux, a medio camino entre ambas, encontramos la Rue Mercière. Conecta la Place des Jacobins con la Place d’Albon de norte a sur, en la zona de la Presqu’Ile. Es una de las calles más antiguas de Lyon, documentada desde el siglo XIII.

Rue Mercière Lyon
Rue Mercière.

Algunos expertos creen que ocupa el trazado de un antiguo camino de la época romana, y en sus orígenes fue un muelle a la orilla del Saona, que posteriormente se convirtió en calle. En el siglo XVI fue la calle de los libreros e impresores, debido a la gran cantidad de comercios de este tipo que allí se instalaron.

Aunque actualmente es una de las rues más populares y turísticas de la ciudad, tuvo sus tiempos oscuros. Al abrirse la vecina Rue de Brest en 1850 y otras calles cercanas posteriormente, la rue Mercière cayó en desgracia, al trasladarse los comerciantes y la población que pudo hacia las nuevas vías. Hasta el punto de perder todo su antiguo prestigio y convertirse en un lugar insalubre y lleno de burdeles, hasta prácticamente la década de 1980.

Rue de la Monnaie Lyon
Cafés y terrazas en la Rue de la Monnaie. Al fondo, la rue Mercière.

Fue a partir de esa década cuando el ayuntamiento tomó cartas en el asunto, renovando el barrio y su patrimonio renacentista, y devolviendo a la rue Mercière su antiguo esplendor. Hoy, pasear por ella es un auténtico placer. Llena de vida, con multitud de rincones, restaurantes, bistrós, cafés y terrazas donde tomar algo en un ambiente muy animado.

Ópera Nacional de Lyon

La Ópera Nacional de Lyon se encuentra en la Place de la Comédie, justo detrás de la Place des Terreaux. Aunque en nuestro caso, llegamos hasta allí desde la Rue Mercière, paseando por la comercial Rue de la Repúblique. Así podemos contemplar el magnífico Palacio de la Bolsa de Lyon, declarado monumento histórico e inaugurado por Napoleón III y la emperatriz Eugenia el 25 de agosto de 1860.

En 1993, el edificio de la ópera fue completamente renovado bajo la dirección del arquitecto francés Jean Nouvel. Llama extraordinariamente la atención el tejado semicilíndrico de cristal, que combina con la fachada del siglo XIX. De hecho, todo lo que quedó del edifico original tras la remodelación fueron las cuatro paredes y el vestíbulo. Cuenta con dos salas: una grande con 1.100 asientos y el anfiteatro, con 200.

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Ópera Nacional de Lyon.

Comparada con óperas «tradicionales» como las de Montpellier, Viena o Budapest entre muchas otras, la de Lyon resulta una combinación atípica entre clásica y moderna. En su momento, como acostumbra a pasar con lo atrevido o pionero, las obras fueron muy criticadas.

Instalar un snack bar bajo el techo de cristal —Les Muses de l’Opera— es posible que no ayudara a suavizar las críticas, aunque seguramente no fue una mala idea. Se encuentra en el séptimo piso, y se llega allí mediante un ascensor. Se puede tomar algo en su terraza con bonitas vistas sobre el ayuntamiento y sus alrededores, o también se puede alquilar el espacio para organizar eventos. Aunque sale un poco más caro: los precios oscilan entre 3.800 € hasta 5.700 €, dependiendo de la franja horaria.

Distrito de La Croix-Rousse

Al lado mismo de la Ópera, en la plaza Louis Pradel, se puede coger el metro en la estación Hôtel de Ville L. Pradel, que en apenas 7 minutos lleva hasta el distrito de La Croix-Rousse. Ubicado en una colina homónima situada al norte de la Presqu’île, el lugar es apodado «la colina que trabaja», en contraposición a la colina opuesta de Fourvière, llamada «la colina que reza».

En la Croix-Rousse se halla uno de los más famosos murales de Lyon, el Mur des Canuts (Boulevard Des Canuts, 36). Es la pintura mural más grande de Europa (unos 1.200 m2), pintado en una gran fachada ciega, y describe escenas cotidianas del barrio. Realizado en 1987 por la cooperativa CitéCréation, un grupo de pintores de murales que también creó el otro mural más conocido de Lyon, “La Fresque des Lyonnais”.

Mur des Canuts Lyon
Mur des Canuts. Espectacular.

Se dice que es el barrio más bohemio de la ciudad, y que conserva su espíritu de pueblo. De hecho fue municipio independiente (Cuire-la-Croix-Rousse) hasta 1797, cuando se unió al municipio de Caluire dando lugar al nuevo pueblo de Caluire-et-Cuire. Más tarde, en 1852, se convirtió en un quartier (distrito) de Lyon.

Gracias a su elevación, desde la Croix-Rousse se obtienen unas espectaculares vistas panorámicas de la ciudad. No en vano, muchas de sus calles llevan incorporada en su nombre el prefijo «montée» (subida, cuesta). Para quienes les guste caminar, pueden llegar hasta la Croix-Rousse por la Montée de la Grande Côte, que conecta el distrito de Terreaux con la meseta de la Croix-Rousse.

En el barrio se encuentran multitud de bares, cafés y terrazas; así como tiendas alternativas, galerías de arte, cafés-teatro o tiendas de diseñadores. Sus población es bastante joven, entre ellos muchos artistas. Se han instalado en los característicos edificios de las laderas, construidos en su momento para albergar los telares donde se trabajaba la seda, y hoy convertidos en apartamentos.

Precisamente estos edificios y sus calles con pendiente son lo más característico de la Croix-Rousse. Los edificios fueron diseñados con techos de 4 o más metros de altura, y grandes ventanales para dejar pasar la luz. Allí trabajaban y vivían los canuts —los trabajadores de los telares—. Muchos de estos edificios están conectados por traboules, que permitían transportar rápidamente fardos de seda y telas que los canuts llevaban de una calle a otra.

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Vistas sobre Lyon desde la Rue Pouteau, en la Croix-Rousse.

En la rue d’Ivry se encuentra el museo Maison des Canuts (maisondescanuts.fr), dedicado a la historia de la industria de la seda en Lyon y las duras condiciones de vida de los canuts, artífices de las primeras revueltas obreras a principios del siglo XIX. En la rue Richan está el Atelier Municipal de Passementerie, donde se salvaguarda intacto el último telar mecánico familiar, así como alojamientos de canuts. Y en la place Colbert encontramos La Cour des Voraces, un famoso patio – traboulé con mucha historia, que tiene la salida en la rue Imbert Colomès.

Museo de las Confluencias

La última visita que realizamos en Lyon fue el Musée des Confluences. Lo primero que llama la atención es el diseño futurista del edificio, construido en hormigón, acero y vidrio. Su estilo arquitectónico, llamado técnicamente «arquitectura deconstruida», recuerda al Guggenheim de Bilbao, y según desde la perspectiva en que se mire, también tiene un aire de nave espacial.

Musée des Confluences Lyon
Musée des Confluences.

El nombre de Musée des Confluences (Museo de las Confluencias) viene dado por su ubicación, en la confluencia de los ríos Ródano y Saona, en el extremo sur de la Presqu’île. Costó 360 millones de euros, cuatro veces más de lo presupuestado inicialmente, en parte debido a las dificultades que presentó el terreno pantanoso sobre el que está construido.

Se inauguró en 2014 con colecciones procedentes del antiguo Museo de Historia Natural Guimet de Lyon. En su interior acoge exposiciones temporales y una permanente, la más importante. Está compuesta de cuatro eclécticos espacios expositivos, que giran entorno a los ámbitos de la historia natural, antropología, sociedades, ciencia y civilizaciones.

Cada uno de los espacios tiene un nombre que da pistas sobre su contenido, aunque a veces da la impresión de que las piezas expuestas no tienen demasiada relación entre sí a primera vista. De todas formas, ello no representa impedimento alguno para disfrutar de ellas, ya que la gran mayoría son interesantes, y limpiamente ordenadas y presentadas en sus soportes y vitrinas.

Musée des Confluences Lyon
Musée des Confluences.

Entre las piezas expuestas en el museo, destacan el mamut de Choulans, descubierto en 1859 en Lyon; esqueletos de un mosasaurio, un Camarasaurus y un pterosaurio; un tigre de Tasmania disecado, un esqueleto de dodo, un sarcófago de momia egipcia o una reproducción del Sputnik 2. Además de gran cantidad de trilobites, fósiles, meteoritos, instrumentos astronómicos, …….

La visita resulta muy entretenida, y también muy recomendada para niños. Hay que tener en cuenta que como mínimo serán necesarias 2 horas para visitarlo todo. El Musée des Confluences también cuenta con un pequeño jardín una librería boutique, un restaurante y una cafetería.

▶ Musée des Confluences. 86 quai Perrache, Lyon – museedesconfluences.fr

Traboules, Bouchons y Murales

En Lyon existen tres cosas que son auténticamente lionesas, los Traboules, los Bouchons y los Murales:

Traboules

Los Traboules son pasajes que atraviesan los patios interiores de los edificios, permitiendo ir de un lugar a otro por un camino más corto, a veces sin tan siquiera salir a la calle. Se cree que tienen su origen en la época romana, cuando los habitantes de la ciudad aprovechaban estos pasadizos para llegar rápidamente hasta el río para recoger agua.

Posteriormente también se utilizaron por los trabajadores de la industria textil, para transportar los fardos de tela de un lugar a otro por un camino más directo y resguardado. Y por supuesto, al ser lugares a veces algo laberínticos y escondidos, a lo largo de la historia han servido como lugares de reunión o escape en rebeliones o movimientos populares; por ejemplo fueron utilizados por la Resistencia durante la II Guerra Mundial.

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La Longue Traboule. Pierre Jean Durieu / Shutterstock.com

En Lyon existen alrededor de 500 traboules. Tal vez el más famoso sea «La Longue Traboule», el más largo de todos. Tiene entrada en la rue Saint-Jean 54 del Vieux Lyon, y atraviesa cuatro edificios y cinco paitios interiores. Otro de los más populares se encuentra en la Croix-Rousse, el «Traboule de la Cour des Voraces», que fue lugar de reunión y refugio de los canuts durante sus revueltas obreras del siglo XIX. Se recomienda la entrada por la place Colbert 9 y salir por la Montée Saint-Sébastien o la Rue Imbert-Colomès.

Bouchons

Los Bouchons no son otra cosa que los restaurantes típicos de Lyon. El nombre tiene su origen en la antigua costumbre de decorar la puerta de estos locales con una figura de paja que tenía forma de boca (bouche). Actualmente, en estos establecimientos se pueden degustar platos tradicionales de la cocina lionesa.

Existe una asociación (Les Bouchons lyonnais) que desde 1997 se encarga de otorgar la distinción Authentique bouchon lyonnais a los restaurantes con más solera en especialidades gastronómicas autóctonas. Algunos de los platos más típicos son el mâchon, los grattons, las quenelles, el tablier de sapeur o la cervelle de canut.

Murales (Murs peints)

Otro elemento característico de Lyon son sus grandes murales pintados en las fachadas de algunos edificios. Esta práctica hizo su aparición a finales de los 70 del siglo XX, cuando un grupo de artistas decidió embellecer Lyon, entonces una urbe industrial y gris. La mayoría de los murales de la ciudad son obra de los lioneses CitéCréation, que también han realizado pinturas murales en muchas otras ciudades del mundo, entre ellas Barcelona.

Utilizan la técnica del trampantojo, que se define como «trampa o ilusión con que se engaña a alguien haciéndole ver lo que no es». Es decir, son pinturas muy realistas, como ver una imagen en 3D. Y la idea tuvo su impacto, vaya que sí. Los murales o frescos de Lyon atraen miles de visitantes cada año, y se han convertido en una de las mayores atracciones turísticas de la ciudad.

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Mural «Fresque des Lyonnais». Chabe01, CC BY-SA 4.0, – Wikimedia Commons.

Dos de los más famosos son «La fresque des Lyonnais», que rinde homenaje a lioneses ilustres desde la época de Lugdunum hasta la actualidad (rue de la Martinière esquina con quai Saint-Vincent) y «Le mur des Canuts», en el boulevard des Canuts del barrio de la Croix-Rousse, que describe la vida cotidiana de este peculiar barrio del que hemos hablado anteriormente.

Otros murales famosos son «La bibliothèque de la cité» (rue Platière esquina con quai de la Pécherie), «Le mur du cinéma» (Place Gabriel Péri), «Le musée urbain Tony Garnier» (rue des Serpollières) o la «La Fresque Lumière» (avenida Jean-Jaurès 106/110). Este último se ilumina por la noche con 450 puntos de luz, todo un espectáculo visual.

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