Saint-Cirq-Lapopie, la eterna vigilante del Valle del Lot

Estamos convirtiendo en costumbre siempre que viajamos a Francia, aunque solo sea de paso, visitar algún pueblo de su prestigiosa lista de «Les plus beaux villages de France» (los pueblos más bonitos de Francia). El año anterior estuvimos en Castelnou, un bonito pueblo medieval en Occitania y en Lagrasse, una joya medieval a medio camino entre Narbona y Carcasona, y no nos defraudaron. Es esta ocasión le tocó a Saint-Cirq-Lapopie y el resultado fue idéntico.

Además de estar incluido entre Les plus beaux villages de France, que no es poco, Saint-Cirq-Lapopie cuenta con otro importante reconocimiento. En 2012 fue escogido el pueblo favorito de los franceses, al ganar el concurso televisivo «Le Village préféré des Français«, del canal público France 2. Tras haberlo conocido, podemos corroborar que efectivamente, los franceses tienen buen gusto.

Es un pueblo precioso. Pero no de una belleza artificial de película o de parque temático. Es auténtico, antiguo, con su original entramado medieval de calles, callejones, plazas, plazoletas, escaleras y casas; alguna puerta destartalada y patios con hierbajos. Un pueblo de verdad. Aunque obviamente, no se salva de turistas y viajeros, y menos en temporada alta.

Algunos apuntes sobre Saint-Cirq-Lapopie

Saint-Cirq-Lapopie (Sent Circ de la Pòpia en occitano) es una pequeña población de poco más de doscientos habitantes, de los cuales solamente una treintena pasan allí todo el año. El resto son residentes de fin de semana o vacaciones.

Está ubicada en el departamento de Lot, cuya capital es Cahors, perteneciente a la región de Occitania, con capital en Toulousse. (v. Occitania: Cataros, castillos y pueblos con mucho encanto y Toulouse, capital de Occitania y la Cité de l’Espace). Se encuentra en el corazón del Parque Natural Regional Causses du Quercy, declarado Geoparque Mundial de la UNESCO.

Seguro que no viene al caso, pero curioseando sobre el pueblo me llamó mucho la atención que hubiese llegado a tener 1.461 habitantes en el año 1.861 y tan solo 167 en 1975. Especialmente significativo que entre 1901 y 1906 perdiera más de la mitad de ellos (pasó de 1.070 h a 504 h). En poco más de un siglo abandonaron el pueblo más del 90% de sus habitantes. En fin, unos datos curiosos que seguro tendrán su explicación.

Saint-Cirq-Lapopie y el río Lot, desde otra perspectiva.

Su ubicación geográfica, sobre un acantilado a 100 metros sobre el río Lot, intensifica su belleza y fotogenia. Es un lugar donde antes de que existieran las cámaras digitales y los móviles, seguro que los visitantes se arruinaban comprando carretes fotográficos… Según nuestra experiencia casi cada calle, cada rincón y cada paisaje del o desde el pueblo son objeto de deseo para una cámara.

Llegando a Saint-Cirq-Lapopie

Para visitar Saint-Cirq-Lapopie debimos modificar ligeramente el recorrido entre Oradour-sur-Glane (v. Oradour-sur-Glane, el pueblo que murió un sábado de primavera) y la última etapa en Sant Pere Pescador. Nos alojamos en el Camping de la Plage, sobre el cual hay una amplia reseña en el post ruta en caravana por Europa durante 33 días y 32 noches. Cabe señalar que al lado del camping y de los aparcamientos, en la zona baja del pueblo existen parkings para autocaravanas.

Así, nos dirigimos hacia nuestro destino desde el norte, recorriendo los poco más de 200 km que separan Oradour-sur-Glane de Saint-Cirq-Lapopie. Nos llevó casi cuatro horas, paradas incluidas (coche + caravana).

La mitad del tiempo por autopista, otro tramo por carreteras normales, y los últimos 20 o 25 km por estrechas carreteras departamentales. Pasamos por pequeños pueblos y aldeas con todo el carácter de la Francia más rural, con su sencilla y bella autenticidad, sin estridencias o elementos fuera de lugar.

Qué ver en Saint-Cirq-Lapopie

Todo. El pueblo está clasificado Monumento Histórico en su totalidad, y no tiene desperdicio. Por supuesto, algo que debemos hacer sí o sí es caminar por sus calles y descubrir todos sus rincones. Es un pueblo pequeño y pero muy alargado, casi medio kilómetro de extremo a extremo. Mientras paseamos, descubriremos edificios singulares, portales medievales, casas con los típicos entramados de madera, plazas con mucho encanto, y los inevitables castillos e iglesias.

Como estábamos alojados en el Camping de la Plage, en la parte baja, para llegar al pueblo andando debíamos recorrer casi un kilómetro, unos 10 minutos. No representaba ninguna molestia, al contrario, ya que el paseo discurre por un camino precioso entre árboles y vegetación.

El sendero por donde íbamos desde el camping hasta el núcleo urbano de Saint-Cirq-Lapopie.

El camino nos deja justo delante de la Porte de Rocamadour. Atravesándola nos adentramos de lleno en la villa medieval. Empezamos por la parte baja, pero dependiendo en que parking estacionemos el coche, la visita puede empezar por la parte alta. En el apartado «Información útil» hay más información sobre los aparcamientos.

Porte de Rocamadour y rue de la Pelissaria

Cuando lleguemos a la Porte de Rocamadour o Porte de la Pelissaria no podremos evitar pararnos para contemplar las magníficas vistas del pueblo y el río Lot, y por supuesto tomar la típica foto de Saint-Cirq-Lapopie que habremos visto en todas las revistas y blogs de viajes del mundo. Es el portal mejor conservado de la villa medieval.

A la izquierda de la imagen, la Porte de Rocamadour y la rue de la Pelissaria.

La rue de la Pélissaria es la más larga de Saint-Cirq-Lapopie. Es la primera calle que encontramos si accedemos andando desde la parte baja, tras atravesar la Porte de Rocamadour o Porte de la Pelissaria. Aquí ya encontramos las casas típicas de los siglos XV y XVI con entramados de madera, mientras caminamos hacia la parte alta de la villa.

Rue de la Pélissaria. Al final se adivina la Porte de Rocamadour.

El nombre de la calle se debe a la antigua actividad de sus artesanos peleteros (oficio de quienes se dedicaban a adobar o vender pieles), de los cuales quedan algunas casas con soportales de los siglos XV a XVII cerca de la Porte de Rocamadour.

Durante nuestra particular estancia, fue la calle por la que entrábamos y salíamos cada día, de camino desde el camping o hacia él.

La Place du Carol y el Albergue de los marineros / casa de André Breton

Por un callejón que sale la rue de la Pélissaria en dirección al río, encontramos la pequeña Place du Carol. Desde allí se disfruta de unas bonitas vistas sobre el valle, y si tenemos ganas de caminar podemos tomar un sendero que desciende hasta la orilla del río.

Pero tal vez lo que ha hecho famosa la plaza es que allí se encuentra la Casa de André Breton, que el artista adquirió en 1951, tras conocer el pueblo y pronunciar la famosa frase «Dejé de desear estar en otra parte». Breton dio a conocer Saint-Cirq-Lapopie al mundo.

Casa de André Breton, en la Place du Carol.

André Breton (1896-1966) fue un importante poeta y escritor del movimiento surrealista. Durante sus años en Saint-Cirq-Lapopie era frecuente verle en compañía de importantes artistas de fama mundial como Man Ray, Tsuguharu Fujita o Max Ernst. La Casa de André Breton es la más antigua del pueblo (s.XII-XIII). Es de propiedad privada y no se puede visitar.

La Casa Daura, residencia internacional de artistas

El pintor catalán Pere Daura García (1896 – 1976), más conocido como Pierre Daura, tenía en Saint-Cirq-Lapopie su taller. Concretamente en un edificio medieval que había sido un hospicio en el siglo XIII, en el callejón de La Fourdonne esquina con la Rue Droite (también denominada Grand Rue).

Daura se formó en la escuela de bellas artes La Llotja de Barcelona, donde tuvo como profesor al padre de Pablo Picasso, José Ruiz Blanco. Era ahijado del famoso violoncelista Pau Casals. En 1914 se marchó a vivir a París, y unos años después compró la casa en Saint-Cirq-Lapopie.

Casa Daura.

Tras la muerte del pintor, la casa fue donada a la Región Midi Pyrénées por su hija Martha. En 2005 fue rehabilitada para albergar un centro de investigación e innovación artística y una residencia internacional para artistas. El centro – residencia está administrado por la Casa de las Artes Georges Pompidou de Cajarc.

La Iglesia de Saint-Cyr

Muy cerca encontramos el gran edificio de la iglesia dedicada a Saint-Cyr (orígen de «Cirq» de Saint-Cirq-Lapopie). San Cyr de Tarso (San Ciro en castellano) fue el mártir más joven de la cristiandad, murió sufriendo tortura a la edad de 3 o 4 años. Tiene sus orígenes en una capilla al lado del castillo que los señores del mismo construyeron en la segunda mitad del siglo XII.

Iglesia de Saint-Cyr

En 1522 se inició la construcción de la nueva iglesia gótica, conservando en su interior el ábside románico de la antigua capilla, así como algunas de sus decoraciones originales. En la parte posterior del edificio encontramos un mirador con estupendas vistas del valle. Está abierta al público y se puede visitar.

El Museo Rignault

Espacio museístico en una casa fortificada del siglo XV, construida por la família Hébrard de Saint-Sulpice en la parte baja del antiguo fuerte de Saint-Cirq-Lapopie, al borde del acantilado sobre el río Lot. En 1922 adquirió el edificio en estado ruinoso Emile Joseph Rignault (1874-1962), comerciante de arte y mecenas, quien lo restauró y convirtió en su hogar.

Museo Rignault.

En 1946 Rignault donó la casa al Consejo General del Lot. El museo conserva los muebles originales y obras de arte que decoraban la casa. También dispone de un bonito jardín con vistas al valle del Lot.

Castillo de Saint-Cirq-Lapopie (Hotel particular)

Entre la iglesia y el Museo Rigault se halla el Castillo de Saint-Cirq-Lapopie, antiguo fuerte señorial hoy día reconvertido en un pequeño hotel.

Château de Saint Cirq Lapopie – Chambres d’hôtes

La Place du Sombral

La plaza del Sombral es un lugar de encuentro y descanso. Es la plaza mayor del pueblo, cerca de la iglesia, del ayuntamiento y de las ruinas del castillo de los Cardaillac. Además allí encontramos la Oficina de Turismo, donde disponen de toda la información sobre el pueblo y alrededores.

Oficina de Turismo, en la Plaza del Sombral

Es un buen lugar para sentarnos a tomar algo en la terraza de cualquiera de sus cafés, y estudiar los prospectos, folletos y información varia recogida en la Oficina de Turismo. Y de paso observar las bonitas y antiguas casas con arcadas y entramados de madera de los siglos XIII y XIV.

Parte de la Place du Sombral, vista desde la subida a los restos del castillo.

El castillo de los Cardaillac, la fortaleza señorial y la roca de la Popie

En la parte de atrás de la Oficina de Turismo encontramos los restos del Castillo de los Cardaillac, construido a finales del siglo XIII. Subimos por un sendero escalonado, que asciende hasta la cima del acantilado sobre el río Lot. Estamos en la Roca de la Popie (del occitano «popa»). Allí se construyó el primer castillo del lugar en el siglo X, del que quedan algunos restos. Las vistas sobre el pueblo y el valle son magníficas.

A la izquierda de la foto la roca de la Popie y los restos del castillo. Abajo, la Oficina de Turismo y detrás la iglesia de Saint-Cyr. Entre ambos están las ruinas del castillo de los Cardaillac (no se aprecian en la imagen).

La calle y la Puerta de la Peyrolerie

Desde la Place du Sombral continuamos subiendo por la rue de la Peyrolerie. Es una calle estrecha con abundantes comercios. Su nombre recuerda a los caldereros que aquí tenían sus casas y talleres. Antiguamente a la mitad de la calle había una puerta defensiva, de la cual no vimos ningún rastro. Tal vez no nos fijamos lo suficiente.

Rue de la Peyrelorie.

Al final de la calle salimos a la carretera, y desde allí a los aparcamientos de la parte alta. Hemos llegado al extremo opuesto del pueblo. Si hemos empezado la visita por la Porte de Rocamadour, para volver hasta allí y luego continuar hasta los aparcamientos de la parte baja nos espera un agradable paseo totalmente cuesta abajo.

Rincones de Saint-Cirq-Lapopie

A parte de sus museos, castillos y monumentos, lo mejor de Saint-Cirq-Lapopie es su entramado urbano. Pasear y descubrir sus calles, callejuelas, plazas y plazoletas es un placer. Algo apartados de la ruta turística principal, encontramos rincones verdaderamente maravillosos, rebosantes de rústica autenticidad.

Dicen que a veces, una imagen vale más que mil palabras. Seguramente en algunas ocasiones sea cierto. A modo de despedida de este bellísimo pueblo, aquí van unas imágenes de Sait-Cirq-Lapopie:

El Camino de Sirga (Saint-Cirq-Lapopie – Bouziès)

Entre Saint-Cirq-Lapopie y el vecino pueblo de Bouziès disfrutamos de una magnifica excursión por el Chemin de Halage (camino de Sirga). Caminamos entre árboles, vegetación, verdes prados y exclusas, en un precioso recorrido, muy llano y sin ninguna dificultad. La duración es de aproximadamente una hora y cuarto de ida y otro tanto de vuelta, unos 10 km en total. Si se dispone de tiempo, vale mucho la pena.

Obviamente se puede empezar indistintamente desde Bouziès o desde Saint-Cirq-Lapopie. En julio y agosto se añaden las opciones de realizar la ida en un barco de pasajeros tipo gabarra o golondrina y la vuelta a pie, o bien ir y volver en barco. Y por supuesto, ir y volver a pie como hicimos nosotros, aunque no era lo que habíamos planeado.

A lo largo del camino encontramos un espectacular tramo de sendero de unos 300 metros de longitud por dos de altura excavado en la roca. Fue construido en el siglo XIX para permitir que los caballos y los hombres tiraran de las gabarras que transportaban mercancías entre Cahors y Burdeos. Tallado en la pared de roca podemos observar un maravilloso bajorrelieve del artista francés Daniel Monnier.

Tramo del Chemin de Halage excavado en la roca.
En un tramo del sendero excavado en la roca encontramos el bajorrelieve del artista francés Daniel Monnier, aun inacabado.

Cuando llegamos a Bouziès aprovechamos para descansar y tomarnos algo fresco. No lo hicimos en la zona del puerto fluvial, preferimos acercarnos hasta el centro del pueblo, donde encontramos mucha más calma y una pequeña tienda con un simpático señor que chapurreaba español tan mal como nosotros francés. Nos sentamos en una diminuta terraza a la sombra un buen rato, viendo la vida pasar…

La intención era volver en barco, pero el que estaba a punto de salir iba lleno, y no teníamos ganas de esperar al siguiente. Así que en pleno solazo estival de mediodía, nos volvimos por donde habíamos venido con el coche de San Fernando, ya sabes, un ratito a pie y otro andando.

En el pequeño puerto fluvial de Bouziès encontramos este viejo autobús, que ejerce funciones de chiringuito y venta de pasajes para los barcos que salen hacia Saint-Cirq-Lapopie.

La Gruta Pech Merle

No está en Saint-Cirq-Lapopie, pero si se dispone de tiempo vale la pena acercarse. Nosotros no pudimos ir, y fue una lástima. La cueva Pech Merle se encuentra en Cabrerets, a unos 17 km (unos 20 minutos) de Saint-Cirq-Lapopie. Sus pinturas prehistóricas, de casi 30 mil años de antigüedad, fueron descubiertas en 1922 y muestran más de 70 animales como caballos, mamuts, bisontes y osos.

La cueva Pech Merle, junto con el museo Amédée Lemozi forman parte del Centro de Prehistoria de Pech Merle. Para la conservación de la cueva y las pinturas, se impone un límite de 25 personas por visita, y el número de visitantes es limitado cada día. Se recomienda reservar, puede hacerse en su página web.

(Fecha de la visita: Lunes 9 – jueves 12 septiembre de 2019)

Información útil

No se puede entrar al centro urbano en coche. Hay habilitados 6 aparcamientos (P1, P2 y P3 en la parte baja y P4, P5 y P6 en la parte alta. En temporada alta son todos de pago (4 euros) menos el P1 que es gratuito (el más alejado), y hay que caminar para llegar hasta el pueblo. El más cercano con diferencia es el P4. El P5 está algo más lejos pero compensa por sus magníficas vistas sobre el pueblo y el valle. Los de la parte baja están algo lejos, pero el paseo es precioso si tomamos el camino de Porte Roques (aunque debamos caminar un poco más) que en unos 10-15 minutos nos llevará hasta la entrada al pueblo por la histórica Porte de Rocamadour, desde donde podremos tomar la foto típica de Saint-Cirq-Lapopie con el río Lot acantilado abajo. Además, la vuelta al coche será toda de bajada.



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