Oradour-sur-Glane, el pueblo que murió un sábado de primavera

Cesare Pavese tenía toda la razón cuando sentenció que no se recuerdan los días, se recuerdan los momentos. Así que muchas veces, uno no recuerda exactamente el día que descubrió la existencia de algo en concreto, pero sí el momento, y lo que estaba haciendo. En este caso estaba en casa, frente al ordenador, ajustando las etapas de una próxima ruta en caravana por Francia, Suiza y Alemania.

Concretamente, buscaba un buen sitio para pernoctar, entre la etapa de Les Epesses (donde se encuentra el parque temático Puy Du Fou) y la de Saint-Cirq-Lapopie (uno de Les Plus Beaux Villages de France).

«No se recuerdan los días, se recuerdan los momentos»

Entre el batiburrillo de blogs de viajes, webs turísticas, Google Maps, CampingCard, Caramaps y Guías Michelín, surgió el nombre de Oradour-Sur-Glane. Un pueblo aparentemente normal y corriente del departamento de la Haute-Vienne, región de Nueva Aquitania. A no ser porque en el buscador apareció el inquietante término «Matanza de Oradour-sur-Glane«, junto a imágenes de un pueblo destruido y abandonado desde hacía muchos años… Un lugar muy similar a Belchite y al poble vell de Corbera d’Ebre.

Oradoursurglane

Para quienes gusten de los lugares con historia, aquí hay un lugar y una historia que tal vez no se conozca demasiado fuera de Francia. ¿»Matanza de Oradour-sur-Glane»? Obviamente, el nombre no sugiere nada halagüeño. Aun así, en la red es fácil encontrar abundante información sobre el lugar. Cuanto más se lee sobre el tema, más ganas hay de seguir. Y a medida que se avanza, buscar la respuesta a la pregunta ¿Por qué? se convierte en imperiosa.

De momento, quedó decidido que Oradour-sur-Glane sería la etapa que faltaba entre Les Epesses y Saint-Cirq-Lapopie. Fue una visita relámpago, llegamos un día por la tarde y al siguiente por la mañana continuamos la ruta. Pernoctamos en el Camping Des Alouettes, en Cognac-la-Foret. Pero la visita valió la mucho pena.

Una historia sobrecogedora

El hecho de no conocer absolutamente nada de una historia tan espeluznante, a pesar de haber sucedido tan relativamente cerca, empuja a querer conocerla más a fondo. Al fin y al cabo, Oradour-Sur-Glane está más o menos a la misma distancia de mi casa que Córdoba, Gijón, Salamanca o Cáceres.

Por otro lado, Oradour-Sur-Glane fue, sin ninguna duda, la etapa más sobrecogedora e introspectiva de este viaje. Conocer los acontecimientos que allí sucedieron es entender un poco mejor la naturaleza humana, incomprensible en demasiadas ocasiones. La experiencia quizás sea especialmente instructiva para los niños, que pueden conocer de primera mano que la guerra no es como la pintan en las películas.

Situémonos en el tiempo. Segunda Guerra Mundial, Francia. Esta es la historia de una pocas horas del sábado 10 de junio de 1944 en Oradour-Sur-Glane:

Sábado, 10 de junio de 1944

Cuatro días antes, los aliados habían desembarcado en Normandía. La guerra no se ha acabado. A pesar de ello, hasta el momento en Oradour-Sur-Glane no han visto demasiados alemanes. Tal vez algún pequeño grupo, cenando en alguno de los restaurantes del pueblo. El municipio, incluyendo los núcleos agregados, cuenta con unos 1.500 habitantes. De ellos, alrededor de 330 viven en el núcleo urbano.

Es un día animado, como tantos otros. Los comercios están abiertos y a pesar de ser sábado, los niños han ido a la escuela, convocados para una revisión médica. Los agricultores se encuentran trabajando sus tierras y los granjeros cuidando sus animales. La línea de tranvía a Limoges funciona con normalidad, y ese día se reparten raciones de tabaco, por lo que ha acudido gente de las afueras y núcleos cercanos. Nada hace presagiar a los habitantes de Oradour que al atardecer de ese sábado, el pueblo y sus propias vidas ya no existirán.

Los nazis llegan a Oradour-Sur-Glane

Hacia las 13:45 h, llegan a Oradour ocho camiones, dos vehículos blindados y una sección de ametralladoras pesadas, con unos ciento cincuenta soldados alemanes equipados con armas ligeras. Pertencen a la 3a compañía del 1er Batallón de la 2ª División de las SS “Das Reich”, que se encuentra posicionada cerca de Montauban, combatiendo contra la Resistencia francesa.

Entran por la carretera de Limoges, por el puente sobre el río Glane, al sur del pueblo. Un grupo pasa por delante de la iglesia y continúa por la calle principal, mientras el resto empieza a rodear el pueblo, con la intención de cercarlo. Algunos habitantes escapan en esos momentos, antes siquiera de saber que quieren los alemanes. Se calcula que logran huir unas 80 personas.

oradour-sur-glane
Oradour-sur-Glane entre los años 1910 y 1940. La carretera de Limoges, en su entrada por el sur del pueblo. A la izquierda se ve parte del mercado cubierto, más a la izquierda, fuera de la imagen, se encuentra la iglesia. Foto: oradoursurglane.free.fr.
Oradour-Sur-Glane
El mismo lugar actualmente, desde otro ángulo. La foto está hecha desde delante de la iglesia. A la izquierda sobre un muro bajo se ven las bases de las columnas del mercado, es lo único que queda de él.

Punto de encuentro: Champ de foire

El comandante alemán ordena al alcalde que reúna a todos los vecinos y personas de paso en la plaza del Champ de foire. La mayoría de la población obedece, ya que al igual que el alcalde, creen que es una revisión de documentación. Hacia las 14:45 h, la mayoría de los habitantes del pueblo —hombres, mujeres y niños— han acudido al Champ de foire. Entre ellos 3 familias de españoles refugiados de la guerra civil.

Paralelamente a la llamada del alcalde, los soldados recorren el pueblo, casa por casa, obligando a todo el mundo ir a la plaza, incluyendo a los enfermos y desvalidos. Los habitantes de las casas y granjas de las afueras también son obligados a trasladarse al punto de encuentro.

A pesar de todo, los vecinos de Oradour-Sur-Glane se sienten relativamente tranquilos. En el pueblo no hay una especial actividad de la Resistencia, Oradour es un lugar tranquilo y pacífico. Esperan que los nazis les pidan la documentación y les dejen ir.

Oradour Sur
Vista parcial de la plaza del Champ de foire, donde fueron reunidos los vecinos.

Los alemanes cuentan a los vecinos que en el pueblo existe un depósito de armas y municiones, y pide que todos aquellos que posean armas o sepan algo den un paso adelante. Nadie se mueve. Entonces exigen al alcalde que designe treinta personas como rehenes, a lo que este responde que no es posible, asegurando que sus convecinos no son sospechosos de nada y en el pueblo no existe tal depósito. En ningún momento los soldados piden la documentación a nadie.

Se desata la locura

Ante la «falta de colaboración», hacia las 15 h, alrededor de 350 mujeres y niños que se encontraban en la plaza son conducidos al interior de la iglesia. Minutos más tarde, los aproximadamente 180 hombres y niños mayores de catorce años son llevados en grupos de unas 30 personas a seis granjas, almacenes o garajes próximos: Bodega Denis, granero Laudy, herrería Beaulieu, granero Milord, Garage Desourteaux y al granero Bouchoule. El pretexto es confinarlos allí mientras registran el pueblo.

Oradour-Sur-Glane
La calle principal de Oradour-Sur-Glane, en todo su esplendor. Foto: Foto: oradoursurglane.free.fr.
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Otro tramo de la calle principal, actualmente.

Lo que pasa minutos después escapa a la comprensión y ha dado lugar a toda clase de especulaciones. Hacia las 16h, se oye una explosión en la iglesia, que se incendia. Los soldados ametrallan a las mujeres y niños que intentan escapar del interior. Mueren ametrallados, asfixiados o quemados. Paralelamente, los hombres son ametrallados y luego quemados en sus lugares de confinamiento. Acto seguido empieza el saqueo, incendiando sistemáticamente los edificios del pueblo.

Los vecinos que no han acudido a la plaza y se habían escondido en sus casas, mueren quemados o tiroteados al salir de sus escondites. También los ancianos e inválidos que no han podido desplazarse. Muchos habitantes de las afueras acuden al pueblo al oír los disparos y explosiones, ya que los niños supuestamente están en la escuela. También son asesinados. Al final de la tarde han muerto asesinadas 642 personas inocentes, entre las cuales mas de cien niños.

Oradour-Sur-Glane
Interior de la iglesia de Oradour-Sur-Glane. En la hilera de tres ventanas, por la del centro logró escapar la única superviviente de la iglesia, aunque al otro lado hay una caída de unos 10 metros.

Solamente logran escapar cinco hombres, todos ellos de la granja Laudy. Se escabullen por la parte de atrás del granero, agujerean una pared y se esconden en unas conejeras durante unas tres horas, cuando finalmente escapan del pueblo.

De la iglesia únicamente escapó una mujer, la Sra. Marguerite Rouffanche, que subió por una escalera que se utilizaba para encender cirios y saltó por una ventana, aunque en la huida fue ametrallada y herida en las piernas y un hombro. Perdió a su esposo, tres hijos y un nieto de siete meses en la matanza. Fue la única testigo viva de la masacre de la iglesia. Una mujer con un bebé que intentó subir por la misma escalera fue ametrallada y ambos asesinados.

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Otra imagen de la calle principal, que atraviesa el pueblo de extremo a extremo. A la izquierda, la fachada casi entera de un taller mecánico. Un poco más arriba siguiendo la misma acera, justo antes de llegar a la intersección con la carretera a Saint Junien, lo que queda de la Bodega Denis.

Una foto icónica: el coche del doctor Desourteaux

Si existe una fotografía icónica de este lugar, es la del automóvil del doctor Desourteaux en el Champ du Foire, un Peugeot modelo 202. El doctor, hijo del alcalde de Oradour-Sur-Glane, regresaba de visitar a un paciente en un pueblo vecino. Al llegar a Oradour, los alemanes le ordenan parar y dejar el coche en este lugar. Así que aparca y se reúne con los demás vecinos. Poco después, es asesinado y quemado en una de las seis granjas en las que los hombres fueron masacrados.

Oradour-Sur-Glane coche del doctor Desourteaux
El famoso coche del doctor Desourteaux, deteriorándose por el paso del tiempo.

Aunque en el libro Martyred Village de Sarah Farmer (en inglés), la autora afirma que este es en realidad el coche de un comerciante de vinos del pueblo. Según Farmer, el Peugeot del doctor Desourteaux se trasladó a su propiedad unos días después de la masacre. Sea de quien fuere el vehículo, ahí se quedó. Congelado en el tiempo, igual que todo el pueblo.

¿Por qué?

Es la pregunta de siempre. Nadie puede responder con certeza las razones de tal brutalidad. Según se dice, Oradour-Sur-Glane no pertenecía a las zonas más activas de la Resistencia, y atribuyen la matanza a un acto de barbarie, con la finalidad de aterrorizar a la población y así ejercer presión sobre los combatientes de la Resistencia de zonas cercanas.

Paralelamente, hay quien cree que los nazis confundieron el pueblo con Oradour-sur-Vayres, más al sur, donde sí había movimientos de la Resistencia. Otros dicen que la Resistencia había secuestrado y asesinado a un oficial alemán de alto rango en el pueblo la noche anterior. O que las SS creían que los vecinos del pueblo estaban en realidad muy involucrados con la Resistencia, afirmando que casi todas las casas de Oradour estaban llenas de armas y municiones…

Algunos pasajes que se pueden leer en las crónicas de los sucesos de aquel día son espeluznantes. Como el grupo de niños que se encontraron apiñados y calcinados tras el altar de la iglesia, como si se hubiesen juntado allí en sus últimos instantes de vida. Resulta casi insoportable pensar en ello. En este tipo de lugares se percibe una mezcla de emociones: calma, tristeza y mucho respeto. Algo similar a lo que pudimos sentir tiempo después en el Monumento a los Zapatos de Budapest (v. Budapest, esencias de la vieja Europa), donde los fascistas húngaros hicieron de las suyas con los judíos de la ciudad.

Oradour-Sur-Glane

El nuevo Oradour-Sur-Glane

Poco después de la matanza y destrucción de Oradour-Sur-Glane, el 28 de noviembre de 1944 el gobierno provisional toma la decisión de no reconstruir el pueblo y mantenerlo tal como quedó, a modo de recuerdo para futuras generaciones. Los pocos vecinos que quedaron vivieron en barracas hasta que se acabó de construir el pueblo nuevo.

El 4 de marzo de 1945, el general Charles de Gaulle habló con algunos de los sobrevivientes en su visita a las ruinas de Oradour, y al año siguiente (1946) se aprobó una ley que garantizaba que las ruinas permanecerían tal y como se habían encontrado tras la matanza. Ese mismo año la villa mártir fue declarada Monumento Nacional. El nuevo pueblo se construyó justo al lado de las ruinas. El mismo presidente de la República francesa Vincent Auriol colocó la primera piedra el 10 de junio de 1947.

El Centro de la Memoria de la villa martir de Oradour-Sur-Glane

Para acceder a la villa martir de Oradour-Sur-Glane es obligatorio entrar por el complejo del Centro de la Memoria. Las visitas tienen horarios, es decir, la villa mártir no está siempre abierta. El acceso a las ruinas es gratuito, pero para visitar el museo hay que pagar la entrada. No hay problema si solamente se quiere ver el pueblo, se puede hacer perfectamente, aunque una visita al museo es muy recomendable.

Oradour-Sur-Glane centro de visitantes
Entrada al Centre de la mémoire de Oradour-sur-Glane. Para acceder al pueblo hay que entrar por aquí.

El Centro de la Memoria abrió sus puertas al público el 12 de mayo de 1999, y el 16 de julio se celebró la inauguración, en presencia del Presidente de la República, Jacques Chirac. El museo se visita siguiendo una serie de salas, en las cuales se realiza un recorrido histórico desde los antecedentes de la masacre hasta la reconstrucción del pueblo. Durante el recorrido por el museo veremos fotos y vídeos de Oradour-Sur-Glane, y testimonios de aquel fatídico día. Eso sí, todo en francés e inglés.

El recorrido por la villa mártir es realmente emocionante y algo turbador. Las personas que visitan el lugar, como no puede ser de otra manera, lo hacen con el máximo decoro. Paseando y viendo dónde había una panadería, un colegio, un hotel, un taller, un café, un granero, un almacén. Imaginando las calles un día rebosantes de vida. Deteniéndose ante de las diferentes placas que, por todo el pueblo, indican donde se cometieron las atrocidades mas abominables. Reflexionando sobre como todo puede cambiar en un instante. Una bonita mañana de primavera, Oradour-Sur-Glane se despertó lleno de vida… y al atardecer no quedaba nada.

Epílogo: Imágenes para la reflexión

Oradour-sur-glane
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Información útil

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15 comentarios en «Oradour-sur-Glane, el pueblo que murió un sábado de primavera»

    • Pues sí, la historia pone los pelos de punta. Yo tampoco la conocía, y realmente es muy fuerte lo que allí pasó. Gracias por el comentario Lucía.

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  1. Este pueblo está en pendientes desde hace tiempo, pero todavía no he podido viajar por la zona, así que tendrá que esperar. Lo que está claro es que cuando me encuentre cerca de allí no lo pasaré por alto…

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  2. Si tenéis oportunidad, vale la pena. Conocer un poco la historia de lo que pasó en Oradour-sur-Glane y luego ver las ruinas con tus propios ojos, te hace reflexionar sobre como puede cambiar todo en un instante. Paseando por sus calles, no podía dejar de pensar que ese pueblo un día despertó lleno de vida y al final de la tarde no quedaba nada… Gracias por comentar Marina.

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  3. Impresionante y escalofriante historia. No había oído hablar sobre este pueblo, muchas gracias por la entrada, ¡es super curiosa!

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    • No hay de que Leticia. Yo tampoco conocía la historia, hasta poco antes de iniciar el viaje, entonces decidimos desviarnos para verlo. Valió la pena. ¡Gracias por el comentario y saludos cordiales!

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  4. Wow, triste historia. Pero es bueno recordar para que no se repita… aunque lamentablemente ya se ha repetido. Saludos.

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    • Me temo que tienes razón… Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Se ve que en algunos casos no aprendemos nada por mucho tropezar…

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  5. Este pueblo lo tengo pendiente. Estuvimos por Poitiers, pero llevábamos la ruta tan ajustada que no pudimos acercarnos. Espero ir pronto. Es historia viva. Un lugar increíble.
    Un saludo

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  6. Muy interesante. Lamentablemente así es el genero humano y su producto, la guerra, que no tiene piedad de nada.
    Muchas gracias por compartir esta información.

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