Lausanne, la tranquila ciudad suiza a orillas del lago Lemán

Lausana es una ciudad con las características exactas que nos gustan. Ni demasiado pequeña ni demasiado grande, mucho para ver, fácil de visitar y un entorno envidiable. Descubrimos Lausana, la ciudad del Museo Olímpico y el mayor lago de Europa Occidental.

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Lausanne (Lausana en español) fue la primera ciudad Suiza que pisamos en nuestra vida. Pasamos por el país helvético de camino hacia Alemania, tras haber atravesado Francia efectuando una única parada en Montpellier, la ciudad natal del rey Jaime I el Conquistador. Escogimos Lausana como segunda etapa de nuestro primer viaje por Europa con la caravana. La ciudad ofrecía todo lo que buscábamos.

Desde Montpellier hasta Lausanne hay unos 480 km, unas 6 horas sin contar paradas. El viaje fue bien, a pesar de que aun hoy me pregunto como acabamos en el centro de Grenoble, cuando todo el trayecto discurría por autopista. Meterse en el centro de una ciudad que no conoces cuando circulas con el coche no representa demasiados problemas, pero cuando lo haces con un conjunto de casi 12 metros, la cosa cambia.

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De camino a Lausanne.

Afortunadamente, todo quedó en una anécdota. Circulamos por una amplísima avenida grenoblesa con varios carriles, y no tuvimos ningún problema para salir de la ciudad por el otro extremo y entrar de nuevo a la autopista.

Lausana es una ciudad muy bien comunicada, de proporciones humanas (unos 137 mil habitantes), tranquila, pegada al bonito lago Lemán… Y con un buen camping cerca del centro, cosa que siempre se agradece cuando se viaja con caravana. Estuvimos allí 6 días, y estas son unas cuantas ideas de que ver en Lausana.

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Llegando a Lausana

Tras instalarnos en el Camping de Vidy de Lausana, nos tomamos el resto del día libre. Aprovechamos para descansar del viaje y familiarizarnos con las instalaciones donde vamos a pasar los próximos días, y los alrededores más inmediatos. Al día siguiente, domingo, nos levantamos temprano. Vamos a visitar la ciudad y queremos aprovechar el tiempo al máximo.

En cuanto abre el pequeño supermercado del camping, cruzamos la calle para comprar una baguette. Me dirijo a la sección de panadería, donde están expuestos diversos tipos de pan con sus respectivos precios. Bajo las baguettes hay un trozo de papel con una cifra escrita a mano: 2,80 €.

Tal vez hay algún error, imagino inocentemente. Mir0 con cara de incredulidad a la chica de la caja, y señalando la cifra con el dedo, le pregunto en francés rudimentario: «—Est-ce le prix des baguettes?«

La chica mira hacia donde le señalo, y sin decir ni una palabra me devuelve la mirada, levantando ligeramente los hombros, como diciendo «es lo que hay». Fue en ese supermercado donde descubrí el precio de una baguette en Suiza.

Como no tenemos ninguna intención de quedarnos sin desayunar, la acabo comprando. Instantes después, mi damos buena cuenta de ella, untada con tomate y aceite de oliva, y acompañada de jamón serrano.

El Metro de Lausana

Tras el desayuno, nos disponemos a acercarnos al centro de Lausanne. Así que nos dirigimos hacia la parada de bus Siège du CIO, en la Route de Vidy, a poco más de 100 metros de la entrada del camping. Nos subimos al primero que pasa y tras unos 10 minutos de trayecto, nos apeamos en la Place de la Navigation, a orillas del lago Lemán.

Pasamos de largo el lacustre paisaje y los barquitos amarrados, y vamos directamente a tomar la línea M2 de metro hacia el centro. Ya tendremos tiempo de visitar esta zona de la ciudad, el popular y aristocrático barrio portuario de Ouchy. En la misma Place de la Navigation, entramos a la estación de Ouchy-Olympique e inmediatamente nos subimos al metro. Casi sin darnos cuenta llegamos a la estación Lausanne-Flon, en el centro de la ciudad.

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El metro de Lausanne está más limpio que muchas casas.

Lausanne es la ciudad más pequeña del mundo en tener un sistema de Metro completo, y la única ciudad suiza que dispone de esta infraestructura de transporte. Es completamente automático, con neumáticos de goma –una tecnología basada en el Metro de París— y se controla a distancia, por lo que no hay conductor.

Así que si viajas en la parte delantera del convoy, tienes la impresión de conducirlo tu mismo. Otra particularidad del Metro de Lausanne es que presenta la mayor diferencia de altura de un tren subterráneo en todo el mundo, con pendientes de hasta el 12% .

Dispone de solamente dos líneas. La línea M1 es más bien un tren ligero que une el centro de la ciudad con Renens, al oeste. Atraviesa el campus de Lausana, por lo que es muy utilizada por estudiantes. Tiene una longitud de casi 8 km.

La línea M2 es más nueva. Se inauguró en 2008, tiene una longitud de 6 km, y une el sur con el norte de la ciudad. El proyecto y presupuesto de la línea M2 fue aceptado oficialmente en un referéndum el 24 de noviembre de 2002 (62% votos favorables). Cosas de los suizos…

Iglesia protestante de Saint-François

Desde la boca de metro Lausanne-Flon salimos a la Place de l’Europe, casi debajo del Grand-Pont. Es nuestro primer contacto con el centro de la ciudad. Son cerca de las 9 de la mañana, y se ve muy poca gente y muy poco tráfico. Se nota que es domingo por la mañana. Los comercios están cerrados, incluidos los cafés y bares, en cuyas terrazas aun se encuentran apiladas las mesas y las sillas, como esperando que alguien las coloque en su lugar.

Se respira un ambiente de tranquilidad absoluta que duró casi toda la mañana, y que sin duda influyó en nuestra percepción de la ciudad. Aunque en los días siguientes descubrimos una Lausanne mucho más activa y dinámica, aquella primera impresión fue la que quedó.

Nos acercamos hasta la plaza y la iglesia protestante de Saint-François, catalogada como bien cultural suizo de importancia nacional. Se encuentra a unos cinco minutos a pie de la estación de metro Lausanne-Flon. Se edificó en siglo XIII junto a un antiguo convento franciscano.

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Plaza e iglesia de Saint-François.

Su elegante y puntiagudo tejado de color verde claro fue lo que nos llamó atención desde la distancia. Se quemó en el incendio de la ciudad de 1368. Una vez reconstruida, se agregó la torre del reloj, y las familias más pudientes de la ciudad donaron capillas y murales.

Catedral de Notre-Dame y Château Saint-Maire

Uno de los objetivos de la jornada es visitar la cathédrale Notre-Dame de Lausanne, uno de los más importantes monumentos góticos de Suiza. Se construyó entre 1170 y 1235, la gran época de construcción de catedrales en Europa. En sus inicios fue católica, hoy es una catedral protestante.

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Puerta sur de la catedral de Lausanne.

Guiándonos a ojo de buen cubero, subimos por la rue de Saint-Martin y la avenue Menthon hasta llegar a la Place de la Cathédrale, en la cité médiévale (barrio medieval). Desde este lugar se disfruta de unas excepcionales vistas sobre la ciudad.

Damos la vuelta completa al edificio y llegamos al Portal de Montfalcon, el único acceso al interior que encontramos abierto. Entramos, y observamos que se está oficiando una misa. Hay muy pocos feligreses, y algún que otro turista oyendo la celebración religiosa desde el fondo de la nave.

Tan discretamente como entramos, volvemos a salir. Son alrededor de las 10 de la mañana, y el tiempo discurre plácidamente, sin prisas. Vista la catedral, vamos a dar un paseo por los alrededores. Subimos aun un poco más, por la rue Cité-Devant hasta la Place du Château. Allí se encuentra el Château Saint-Maire, que da nombre a la plaza.

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Château Saint-Maire, en la Place du Château.

Es un castillo construido entre 1397 y 1425 por los obispos de Lausana como residencia fortificada. Declarado bien cultural suizo de importancia nacional, actualmente es sede del gobierno cantonal de Vaud. En la misma plaza se encuentran los elegantes edificios de la prefectura de Distrito de Lausana y la Escuela Superior de Salud.

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Prefectura de Distrito de Lausana, en la Place du Château.

Después de ver la Place du Château, regresamos de nuevo hacia la catedral, bajando por la rue Cité-Derrière, paralela a la rue Cité-Devant por la que habíamos subido. Nos entretenemos tomando fotos a los edificios y a las calles, y también alguna selfie, para qué negarlo.

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La rue Cité-Devant, vista desde la Place du Château, con la catedral al fondo.

Una vez en la Place de la Cathédrale, nos dirigimos de nuevo hacia el Portal de Montfalcon, punto de partida de otra de las visitas obligadas en Lausanne.

Escaliers du Marché, visita imprescindible

Delante del Portal de Montfalcon empiezan las famosas Escaliers du Marché (escaleras del mercado), que descienden serpenteantes hasta la Place de la Palud. Son 177 escaleras de madera, con un recorrido aproximado de unos 90 metros, cubiertas por una marquesina. Es el lugar más pintoresco de Lausanne, y otra de las visitas que deben hacerse sí o sí.

Hay que reconocer que el inicio de las escaleras desde la catedral no es nada del otro mundo. A simple vista más bien parece un agujero que no invita a meterse en él. En pleno mes de agosto, tal vez es aconsejable evitar recorrerlas en horas punta, cuando puede haber mucha gente bajando y subiendo.

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Inicio de las Escaliers du Marché en su parte alta, en la Plaza de la Catedral.

Igualmente, puestos a escoger, es preferible bajarlas que subirlas, así se obtiene una buena perspectiva de la ciudad a medida que se va descendiendo. Y también te cansas menos.

Lo importante del lugar no es su magnificencia o grandiosidad, de las que carece, si no su antigüedad y la tradición de todo turista o viajero de bajarlas o subirlas. Se conoce la existencia de las Escaliers du Marché desde el siglo XIII, aunque su forma actual data de los años 1717-1719. En las inmediaciones de las escaleras se celebró un mercado hasta el siglo XIV, de ahí su nombre.

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Un tramo de las escaleras, donde se puede observar el techo y los postes de madera.

Obviamente es indiferente subirlas o bajarlas, o ambas cosas. Nosotros iniciamos el recorrido desde arriba hacia abajo y bastante temprano para ser domingo, y apenas nos cruzamos con cinco o seis personas. En unos minutos, llegamos hasta rue Mercerie, punto final de las escaleras, a unos pasos de la Place de la Palud.

Escaliers du Marché, Lausanne
Escaliers du Marché, en Lausanne.

La Place de la Palud

La Place de la Palud es la plaza del ayuntamiento, o del Hôtel de Ville, que es como llaman en francés a los ayuntamientos de las ciudades. Con el suelo adoquinado, y es pequeña y alargada, estrechándose cada vez más hasta convertirse en una calle. Por sus características nos recuerda a la Plaza de la Ciudad (Mestni trg) de Liubliana, la encantadora y elegante capital de Eslovenia.

Tiene su origen en un antiguo cruce de caminos donde hoy día confluyen diversas calles peatonales. Los miércoles y los sábados por la mañana, se celebra en la plaza el mercado agrícola, que se extiende por las calles contiguas. Nosotros no lo vimos, aunque es un dato a tener en cuenta si la visita coincide con alguno de esos días.

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Place de la Palud, Lausanne. A la izquierda, el Hôtel de Ville.

Lo primero que llama la atención al llegar a la plaza desde las Escaliers du Marché es la Fontaine de la Justice, la fuente más antigua de la ciudad. La pila de la fuente data de 1557, y la columna y la estatua fueron esculpidas en 1584-85. La estatua, de colores muy vivos, representa a una joven con los ojos vendados, una espada en una mano y la clásica balanza de la justicia en la otra.

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La Fontaine de la Justice destaca por su colorido. A su izquierda se aprecia parte del Horloge de la Palud.

En la fachada de un edificio junto a la fuente, a la altura del primer piso, se encuentra el Horloge de la Palud (Reloj de la Palud). Se trata de un reloj animado, muy popular entre los niños y también entre los visitantes. Diversas figuras asoman cada hora, simbolizando diferentes episodios de la historia del cantón de Vaud.

Se inauguró con motivo de la Exposición Nacional Suiza de 1964, también conocida como Expo 64. La base sobre la que se asienta la Fontaine de la Justice es el lugar perfecto para sentarse tranquilamente para ver de cerca la representación del reloj.

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El Horloge de la Palud, a las 11 de la mañana. Las figuras que se ven en la parte inferior del reloj forman parte de la representación que se estaba llevando a cabo en ese instante.

Desde la Place de la Palud nos dirigimos hacia la Place de l’Europe, donde tomamos el metro M2 en  Lausanne-Flon hasta Ouchy-Olympique, en la Place de la Navigation. Una vez allí, tenemos dos alternativas: Tomar un bus y regresar al camping o quedarnos a visitar la zona de Ouchy, el barrio portuario. Aun no eran las doce del mediodía y decidimos aprovechar hasta la hora de comer para visitar el Museo Olímpico de Lausanne.

De camino hacia el Museo Olímpico

En la Place de la Navigation se disfruta de unas preciosas vistas del lago, y descubrimos aunque sea de manera superficial esta parte de la ciudad, que a primera hora de la mañana habíamos ignorado. Desde la plaza hasta el Museo Olímpico hay unos diez minutos andando por el Quai de Belgique (Muelle de Bélgica), un paseo ajardinado que discurre a orillas del lago Léman.

Lo primero que nos llama la atención es el Château d’Ouchy, catalogado como patrimonio cultural suizo de importancia regional. La torre del castillo data del siglo XII, y todo el edificio es actualmente un hotel de cuatro estrellas. Dormir allí una noche de agosto cuesta aproximadamente entre 220 € y 900 €, dependiendo del tipo de habitación y servicios opcionales… Tal vez en otra ocasión.

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Château d’Ouchy.

Vamos paseando tranquilamente, y los diez minutos se alargan. Luce un día espléndido, que invita a detenerse a descansar en un banco y contemplar el imponente lago Leman, el más grande de Europa Occidental con sus 72 km de longitud y 12 km de anchura.

Durante el recorrido, ordenados macizos de flores y algunos barcos amarrados a lo largo del paseo nos obligan a ralentizar el paso para admirarlos. Aunque estamos en pleno agosto, la calor es muy soportable. Hay gente paseando, pero no es agobiante. Nada que recuerde el gentío de una ciudad turística en esta época del año.

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El paseo hasta el Museo Olímpico discurre paralelo al lago Lemán.

Museo Olímpico de Lausanne

Lausana es la sede del COI (Comité Olímpico Internacional) desde hace más de un siglo (1915), así como de otras muchas federaciones internacionales de todo tipo de deportes. Su Museo Olímpico es, sin ninguna duda, otro de los lugares que se debe visitar en la ciudad, aunque solo estés de paso. Es otro de los incontournables de Lausanne.

Se accede a la puerta principal atravesando un gran parque, decorado con bellas esculturas de artistas como Chillida, Niki de Saint Phalle o Botero, todas ellas relacionadas con el deporte. Dispone de un restaurante con vistas al lago y a los Alpes, y una tienda de productos relacionados con las olimpiadas.

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Acceso al Museo Olímpico.

El interior del museo es amplio y moderno. Contiene todo tipo de objetos relacionados con los juegos olímpicos y el deporte. Por ejemplo, antorchas olímpicas y las medallas de todos los Juegos Olímpicos , así como equipamientos y ropa de famosos y legendarios deportistas.

Entre ellos, el balón de la final con el que Michael Jordan, Magic Johnson, Larry Bird y el equipo de EEUU lograron la medalla de oro de baloncesto en los Juegos de Barcelona 1992 o la flecha con la que el arquero Antonio Rebollo encendió el pebetero en esos mismos juegos. También donaciones hechas por deportistas de la talla de Sergei Bubka, Carl lewis, Roger Federer o Michael Phelps.

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Museo Olímpico de Lausanne.

Los niños disfrutarán en este museo, ya que a lo largo de sus dependencias se encuentran diversas actividades interactivas pensadas para ellos. Las entradas nos cuestan 18 CHF / adulto (unos 17 €) y 10 CHF la de mi hijo de 6 años (unos 9,50 €). Pasamos en el museo alrededor de una hora y media.

Realmente no es mucho tiempo; alguien realmente aficionado al tema podría tomárselo con mucha más calma. No es nuestro caso. Visto el museo, regresamos al camping, nos preparamos algo para comer y descansamos el resto del domingo.

Lousonna, los restos romanos de Lausana

Seguramente no sea una visita imprescindible, pero Lausanne conserva vestigios de un antiguo emplazamiento romano. Estos construyeron un campamento militar alrededor del año 15 a.C, al que llamaron Lousonna. Tuvimos dichos vestigios todo el tiempo ante nuestras narices, ya que se encuentran al lado del camping, pero tardamos en darnos cuenta.

Una tarde, volviendo del centro de la ciudad, nos percatamos de un diminuto pabellón a pie de calzada, a pocos metros de la parada de bus Siège du CIO, que tomábamos cada día desde el camping. Nos acercamos por curiosidad, y en su interior descubrimos un mosaico que, según el panel informativo, en su día adornó una sala de estar de Lousonna.

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Ruinas romanas de Lousonna.

A unos metros encontramos el acceso a las ruinas, o parque arqueológico para ser más exactos. La entrada es libre, sin barreras ni nada que impida el paso. Hay árboles y vegetación, y es un bonito lugar para pasar un rato relajado.

Al lado de los restos hay paneles informativos, algunos de ellos se complementan con unos visores interactivos que, mirando a través de ellos, muestran como era la zona en su máximo esplendor.

El asentamiento se fue abandonando progresivamente tras las invasiones germánicas del siglo III, y definitivamente en el siglo siguiente, cuando sus habitantes se trasladaron a la actual colina donde se construyó la ciudad medieval. Muy cerca del parque arqueológico, en el Chemin du Bois-de-Vaux, se encuentra el Museo romano de Lausanne-Vidy.

El barrio del Flon

Tocando a la Place de l’Europe se encuentra el quartier du Flon (barrio del Flon). Es una zona de la ciudad diferente y realmente sorprendente. Antigua zona de almacenes industriales, se ha transformado en un espectacular barrio moderno lleno de tiendas, bares, restaurantes, edificios de oficinas y locales culturales y de ocio nocturno.

Quartier du Flon lausana lausanne
Quartier du Flon.

Los edificios de líneas y ángulos rectos y tejados planos le dan al barrio un estilo muy característico, así como un contraste extraordinario con los edificios clásicos del barrio medieval. El Flon es el barrio joven de Lausana.

En el Flon descubrimos una Lausanne activa y vibrante, sobre todo en contraste con la ciudad que conocimos el primer día. Aquí todo es moderno y vanguardista, joven y atrevido. Paseamos por sus escasas calles al atardecer, empapándonos de su ambiente desenfadado.

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Barrio del Flon.

Nos acomodamos en la terraza de un local llamado La Jungle, en unas cómodas butacas. Está decorado con motivos tropicales, con muchas plantas y mobiliario de bambú y madera. Un bonito y refrescante lugar. Nos tomamos una cerveza y un zumo de frutas respectivamente, y dejamos pasar el tiempo hasta que regresamos al camping.

Apuntes interesantes sobre Lausanne

Algo que nos sorprendió es que en los transportes urbanos (metro y bus), no hay que pasar la tarjeta de transporte por ninguna máquina ni mostrar billete alguno a nadie. Simplemente, te subes y ya está. Obviamente, por si acaso siempre llevamos encima la tarjeta de transporte público que nos regaló el camping el primer día. Pero nadie nos la pidió jamás.

El parque arqueológico con los restos de la antigua Lousonna se encuentra en las afueras de la ciudad, en poco más que un descampado abierto, al cual puede entrar quien quiera cuando quiera. No vimos ni un panel informativo en mal estado, ni un papel tirado por el suelo.

En general, por lo que vimos en Lausanne y otras localidades suizas que visitamos durante el viaje, comprobamos que la fama del país está justificada. Suiza es un país limpio. Y caro. Curiosamente, el gasóleo cuesta más que la gasolina. Los precios varían entre gasolineras, pero creo recordar que la media estaría en unos 1,40-1,50€/lt, y eso antes de la guerra de Ucrania.

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A la derecha el Grand-Pont. A la izquierda, en el nivel inferior, empieza el barrio del Flon.

En definitiva, Lausanne es un magnífico lugar para pasar unos días, ya sea de paso o como destino en sí mismo. El lago Lemán ofrece muchas posibilidades que nosotros no exploramos. Dispone de varios museos que no visitamos. Uno de ellos el Musée de l’Elysée, un museo fotográfico con una de las colecciones más grandes y variadas de Europa.

En los alrededores de la ciudad se abre un infinito abanico de lugares para explorar: Apenas a media hora de coche se hallan los dos centros turísticos más famosos de la Riviera suiza. Vevey, con la famosa escultura del tenedor gigante en el lago y la estatua de Charles Chaplin; Montreux y su famosa estatua de Freddy Mercury, que fue vecino de la ciudad; Veytaux y el Castillo de Chillon

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Vista de Lausanne desde la colina de la catedral y el barrio medieval.

Hay ciudades que siempre ocuparán un lugar muy especial en nuestra memoria. Narbona, la tranquila y bella ciudad archiepiscopal, por ejemplo, se lo ganó por ser la primera ciudad extranjera que visité con mi hijo Julià, cuando tenía 5 años. Lausana también tiene su espacio reservado en ese sitio tan personal, en calidad de «primera ciudad suiza que visité con mi hijo». Au revoire Lausanne!!!!

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Julià, en un pequeño embarcadero en el lago Lemán, al lado del camping Vidy Lausanne.

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