El inexpugnable castillo de los condes de Foix

Foix es la última visita de nuestra ruta en coche por Occitania. De camino entre Toulouse y Andorra la Vella, hacemos una corta parada en esta pequeña ciudad. Básicamente para ver su atracción principal, el castillo. El apelativo de inexpugnable no es gratuito. El castillo de los condes de Foix solo fue tomado por las armas una vez en toda su historia. No pudieron con él ni los cruzados contra la herejía cátara.

Breve geografía e historia de Foix

Foix se encuentra a unos 87 km al sur de Toulouse y a algo menos de 100 de Andorra la Vella. Cuenta con casi 10 mil habitantes. Pertenece a la región de Occitania y al departamento de Ariège, del que es capital. Formó parte de la comunidad de municipios del Pays de Foix, entidad que geográficamente se corresponde aproximadamente con el antiguo condado de Foix. Actualmente, esta comunidad está fusionada con la comunidad del cantón de Varilhes, con la que conforman la comunidad de Aglomeración Pays Foix-Varilhes.

El lugar donde se asienta el castillo de Foix, una roca calcárea de 60 metros de altura, está llena de grutas que fueron habitadas por el hombre en tiempos prehistóricos. Estas grutas han sido estudiadas por numerosos arqueólogos y recorridas por diversas expediciones espeológicas.

Aunque su origen más “moderno” se debe, probablemente y según los expertos, a un oratorio fundado por el mismísimo Carlomagno. Con el tiempo, la ciudad se convirtió en la capital del condado de Foix. La relación de Foix con Andorrra la Vella, nuestro siguiente destino, se remonta a muchos siglos atrás. Una curiosidad histórica: Los presidentes de la república francesa son co-príncipes de Andorra (junto con los obispos de Urgel), como herederos de los últimos condes de Foix, a través de los reyes de Francia.

Castillo de Foix
Castillo de Foix.

Llegando a Foix

Hacía más de una hora que habíamos salido de Saint-Julien-sur-Garonne, donde visitamos el poblado galo (Le Village Gaulois) después de hacer parada en Rieux-Volvestre. Para llegar a ambos lugares, circulamos por carreteras secundarias, esas que a veces olvidamos cuando realizamos largos viajes. Para viajar a Foix, fuimos un paso más allá. Saliendo del poblado galo, una fatal combinación de ineptitud propia y jugarreta del GPS, nos llevó durante un buen rato por estrechas carreteras —que más bien parecían pistas asfaltadas— por donde casi no caben un coche al lado del otro, y por donde prácticamente no encontramos vehículos circulando. Transcurríamos por zonas rurales, entre campos, huertos, granjas y diminutos pueblos. No tengo noción del tiempo que pasó hasta que llegamos a una carretera “normal”. Y reconozco que aun hoy en casa, cuando miro la Guía Michelín, no sé precisar por dónde pasamos.

Por fin tenemos Foix a la  vista. La primera impresión fue la de estar llegando a una localidad de pre-alta montaña. Encajada en un valle entre dos ríos, con verdes y altas montañas como telón de fondo. Agosto tocaba su fin, el cielo estaba suficientemente nublado para no dejar pasar los rayos del sol y favorecía que la temperatura fuera muy agradable. Todo ello suscribía esa primera impresión, y de propina la nostálgica sensación de que agosto, nuestro viaje y nuestras vacaciones estaban dando sus últimos coletazos.

Rio Ariège Foix
El río Ariège a su paso por Foix.

Nos metemos directamente en pleno centro histórico de Foix por el Pont Vieux. Tenemos mucha suerte y enseguida encontramos aparcamiento en la rue Théophile Delcassé. Es una calle estrecha de aceras estrechas, donde circulan vehículos en un solo sentido. Cuando bajamos del coche vemos un tipo joven con pinta rara, que se queda mirando nuestro coche aparentando mucho interés. Está parado frente a él, mientras se lía un cigarrillo medio metido en el portal de una vieja casa, como disimulando. Empezamos a andar calle arriba, y nos detenemos un instante ante algunos escaparates, disimulando ahora nosotros para vigilar de reojo al sujeto “sospechoso” en la distancia. Él continua en el mismo lugar, ahora fumando el cigarrillo liado, apoyado en el mismo portal, justo delante de nuestro coche.

Foix
Como catalán que soy, me sorprendió ver el Pont Vieux adornado con tantas senyeres. Meses más tarde, al volver a ver las fotos y escribir este post, me dí cuenta de un detalle que me había pasado desapercibido: las banderas tienen tres barras rojas, no cuatro como la bandera de Catalunya. Se trata de la bandera de Foix.

Es tarde, aun tenemos que visitar el castillo, y luego nos queda un buen trecho hasta Andorra. Así que dejamos de jugar a agentes secretos cuando vemos que el “sospechoso” se acaba metiendo completamente en el portal y desaparece. Probablemente él es un vecino que estaba fumando en el portal de su casa o de algún amigo, y con total seguridad nosotros vemos demasiadas películas de policías y ladrones.

Centro histórico de Foix

Para llegar al castillo, debemos recorrer el casco antiguo andando. Perfecto, así podemos dar un paseo y conocer un poco más Foix. En la misma rue Théophile Delcassé, al lado de un parque público calle arriba, se encuentra la oficina de turismo. Me parece moderna y bonita, bien arreglada y con mucho material turístico. Entramos a curiosear y cogemos algunos folletos. Salimos por la puerta de atrás, y atravesando el parque llegamos a la place de la Halle aux Grains. Continuamos nuestro paseo por calles peatonales adornadas con banderines de colores, tiendas de todo tipo y bonitas plazas con tentadores cafés, que invitan a sentarse y tomar una buena cerveza en sus terrazas.

Pero por desgracia, hoy llevamos algo de prisa y no tenemos tiempo para cervezas. Poco después llegamos a uno de los puntos de interés de Foix, la iglesia de la abadía de Saint Volusien. Tiene su origen en un monasterio documentado ya en el año 870 en honor de San Volusiano. En 1789, durante la Revolución Francesa, los monjes abandonaron la abadía. Desde la Place de Saint-Volusien seguimos las indicaciones hasta que llegamos al castillo, nuestro principal objetivo de esta visita a Foix.

La iglesia de Saint-Volusien.

El inexpugnable castillo de los condes de Foix

El apelativo de inexpugnable no es gratuito. El castillo de Foix, que ya existía en el año 987, solo fue tomado por las armas una vez en toda su historia. Fue en 1496, durante una guerra entre dos clanes de la familia Foix. Construido en lo alto de un pico rocoso, el castillo domina la confluencia de los ríos Ariège y Arget, así como toda la ciudad. Actualmente alberga un museo dedicado a la historia del condado de Foix y obviamente del propio castillo. Entre las colecciones medievales destacan los objetos de la vida cotidiana, y lo que llamó más la atención de mi hijo, las armas y armaduras.

Castillo de Foix
Entrada al recinto cerrado del castillo.

La familia de condes que residió en este castillo llegaron a reyes de Navarra y de Francia. A principios del s. XI, Roger, el primer conde de Carcassonne, legó el castillo a su hijo Bernard, el primero en usar el título de Conde de Foix. Fue la residencia principal del conde hasta 1290. Durante la cruzada contra los cátaros, Raymond Roger de Foix, señor del castillo y defensor de la causa cátara, resistió el asedio del cruel Simón de Monfort, el mismo que participó en el tristemente conocido asalto a Béziers.

Castillo de foix
Colección de armas medievales, en el castillo de Foix.

Visitando el castillo

Para llegar al castillo, serpenteamos cuesta arriba por un sinuoso camino de acceso, desde el cual a medida que avanzamos, contemplamos bonitas vistas del municipio. Una vez dentro del recinto del castillo, y después de pasar religiosamente por la taquilla (6,70€ la entrada de adulto y 4,50€ la infantil), nos disponemos a visitar las diversas dependencias. Al igual que en el resto de la localidad, encontramos poca gente visitando el castillo, lo que nos permite pasearnos y ver lo que queremos sin ningún agobio.

Castillo de Foix
El castillo de Foix y una de sus dos torres cuadradas, la llamada Torre Central.

La Torre Redonda

En la Torre redonda (s.XV) podemos ver varias exposiciones distribuidas en tres plantas. En la primera, dedicada al contexto histórico de la época en que se edificó la torre, entre otras cosas podemos observar detenidamente una curiosa maqueta de la construcción de la torre. La segunda planta está dedicada a Gaston Fébus, XI conde de Foix y vizconde de Bearne. En la tercera se explica la estrecha relación entre Foix y el principado de Andorra. Desde lo alto de la torre, disfrutamos de unas espléndidas vistas de la ciudad y sus alrededores.

Foix
Espléndidas vistas desde lo alto de la torre. Abajo a la izquierda, la iglesia de Saint-Volusien.

La Torre Central y la Torre del Arget

La llamada Torre Central, junto a la otra torre cuadrada (Torre del Arget), son de las partes más antiguas del castillo. En la planta baja admiramos una pequeña colección de armaduras, escudos, cotas de malla, viseras, etc. La primera planta está reservada a una bonita tienda de objetos y libros relacionados con el castillo. En la tercera, la cama de Enrique IV, uno de los objetos más importantes del patrimonio histórico y artístico de la región.

La otra torre cuadrada es la Torre del Arget. Es la más antigua de las torres (s.IX), cubierta con un tejado de pizarra.

Castillo de Foix
Una de las armaduras expuestas en la torre.

El Cuerpo de Guardia

En esta dependencia encontramos información sobre el condado de Foix, desde sus orígenes en 1002 hasta 1594. También una exposición sobre la historia de la abadía de Saint-Volusien desde el siglo IX hasta el XVI.

Castillo de Foix
Cuerpo de Guardia.

Punto final a nuestro viaje por Occitania

Foix fue la última parada y el último lugar que visitamos en nuestro viaje por Occitania. Aunque solamente han pasado una decena de días desde que empezamos el viaje, ya percibimos lejana aquella mañana de mediados de agosto, cuando nos despertamos aun de noche para iniciar este pequeño road trip. Aun no hemos llegado a casa y casi añoramos aquel hormigueo, la familiar sensación de libertad de cuando tomamos la autopista AP-7 rumbo al norte, camino a una nueva aventura…

Los días han pasado volando. Las primeras paradas en Castelnou y la fortaleza de Salses, antes de nuestro primer destino en Narbonne, una ciudad que nunca olvidaremos. Los ojos de mi hijo descubriendo animales nunca vistos en la reserva africana de Sígean, alucinando con los dinosaurios en Espéraza, con las naves espaciales de la Cité de l’Espace de Toulouse o en una auténtica aldea gala cerca de un pueblecito llamado Saint-Julien-sur-Garonne. Conociendo ciudades llenas de historia como Albi, CarcassonneBéziers o Foix, y pueblos preciosos como Lagrasse, CastelnaudaryRieux-Volvestre. E incluso disfrutando de una experiencia gastronómica en Les Grands Buffets de Narbonne.

Ciertamente, este no fue un viaje a la exótica Asia, ni un emocionante safari en África, ni tan solo tomamos un largo vuelo intercontinental a un país al otro lado del mundo. Todo llegará, desde luego. Pero como no me cansaré jamás de recordar, este viaje supuso la primera aventura en el extranjero a solas con mi hijo Julià, que entonces tenía cinco años. Y como pasa en muchas otras cosas de la vida, la primera vez siempre la recordamos de una manera especial. AU REVOIRE OCCITANIE!

(Fecha del viaje: 29 de agosto de 2018)

Información útil

Oficina de Turismo de Foix – 29 Rue Théophile Delcassé, 09000 Foix

Alojamiento en Foix

Viajar en tren a Foix

Alquiler de coches: Avis | AutoEurope | Budget |

Buscador de vuelos Skyscanner (El aeropuerto cercano más importante es  el de Toulouse a 76.98 km)

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