Las etiquetas ambientales y las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE) afectan a todos los conductores, pero a los caravanistas de manera muy especial: un gran porcentaje de nuestros vehículos tractores todavía funcionan con combustibles fósiles. Pero ¿son realmente justos los criterios para otorgar las etiquetas?
Si viajas o has viajado alguna vez en caravana, muy probablemente lo hayas hecho remolcándola con un vehículo de combustión fósil. Remolcar una caravana, sobretodo si es medianamente grande, lógicamente requiere de un vehículo tractor cuyo motor tenga una potencia solvente para ello, y además pueda recorrer largas distancias en un tiempo razonable. Y si es posible, que no cueste 200.000 euros.
El fin de la era de los combustibles fósiles ya se percibe al final del túnel, y para entonces ya deberían existir alternativas factibles para poder remolcar una caravana medianamente grande con vehículos mucho más ecológicos y respetuosos con el medio ambiente. Ya hablamos en su día de la posibilidad de remolcar una caravana con un coche eléctrico.
Que son los distintivos o etiquetas ambientales
Empecemos por el principio. El distintivo ambiental, también conocido como etiqueta ambiental, es un sistema para clasificar los vehículos en función de su eficiencia energética, teniendo en cuenta el impacto medioambiental de los mismos. Su objetivo teórico es discriminar positivamente a los vehículos más respetuosos con el medio ambiente.

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En España este sistema funciona desde el año 2016, por iniciativa de la Dirección General de Tráfico (DGT). La etiqueta ambiental clasifica los vehículos en función de la normativa Euro de emisiones máximas existente en el momento de su fabricación. Existen cuatro los distintivos ambientales creados en función del impacto medioambiental de los vehículos. De mayor a menor eficiencia son:
Etiqueta Cero Emisiones (0) (Azul): Identifica a los vehículos más eficientes. Tendrán derecho a esta etiqueta eléctricos de batería (BEV), eléctricos de autonomía extendida (REEV), eléctricos híbridos enchufables (PHEV) con una autonomía de 40 km o vehículos de pila de combustible.
Etiqueta Eco (ECO) (Verde y azul): Los siguientes en el escalón de eficiencia, se trata en su mayoría de vehículos híbridos, gas o ambos. Tendrán derecho a esta etiqueta eléctricos enchufables con autonomía inferior a 40 km, híbridos no enchufables (HEV), vehículos propulsados por gas natural y gas (GNC y GNL) o gas licuado del petróleo (GLP). Deben cumplir los criterios de la etiqueta C.

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Etiqueta C (C) (Verde): Vehículos de combustión interna que cumplen con las últimas emisiones EURO. Tendrán derecho a esta etiqueta turismos y furgonetas ligeras de gasolina matriculadas a partir de enero de 2006 y diésel a partir de septiembre de 2015. Vehículos de más de 8 plazas, excluido el conductor, y pesados tanto de gasolina como diésel, matriculados desde 2014.
Etiqueta B (B) (Amarilla): Vehículos de combustión interna que si bien no cumplen con las últimas especificaciones de las emisiones EURO, sí que lo hacen con anteriores. Tendrán derecho a esta etiqueta turismos y furgonetas ligeras de gasolina matriculadas desde el 1 de enero de 2001 y diésel a partir de 2006. Vehículos de más de 8 plazas y pesados tanto de gasolina como diésel, matriculados desde 2006.
El resto de los vehículos, el 50% más contaminante, no tiene derecho a ningún tipo de distintivo al no cumplir los requisitos para ser etiquetado como vehículo limpio. Si quieres saber que clase de distintivo ambiental de tu vehículo, puedes consultarlo fácilmente tan solo introduciendo la matrícula en esta página web de la DGT.
El fin de los coches diésel y gasolina… o no
Salvo modificaciones futuras, la previsión en Europa es que los coches gasolina y diésel dejen de venderse a partir del 1 de enero de 2035. Se podrá seguir circulando con ellos hasta 2050, pero está por ver por dónde podrán hacerlo, como ya está ocurriendo actualmente con las restricciones que suponen las etiquetas ambientales y las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE).
También se podrán seguir comprando coches gasolina y diésel de segunda mano, y vehículos nuevos con motores a combustión alimentados por combustibles sintéticos como el e-fuel, mucho más eficientes desde el punto de vista medioambiental.

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Básicamente, los combustibles fósiles y los combustibles sintéticos son prácticamente idénticos, lo que los diferencia es el modo en que se obtienen. Ello quiere decir que todos los motores que actualmente funcionan con diésel o gasolina, podrán usar combustibles sintéticos sin realizar modificaciones.
Por lo tanto, es obvio que los combustibles sintéticos son la gran esperanza para los propietarios de caravanas remolcadas con coches gasolina o diésel: no hará falta tirar nuestro coche a la chatarra, ya que podríamos circular con él y con nuestra caravana como siempre, pero de manera mucho más sostenible.
Período de transición
Mientras llegan los e-fuels, otros aspectos más acuciantes como la proliferación de Zonas de Bajas Emisiones (ZBE) o las restricciones provocadas por las etiquetas medioambientales, son cuestiones que sin duda ya están afectando a los caravanistas de manera muy especial, dado que un gran porcentaje de nuestros remolcadores son vehículos diésel o gasolina.

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Además de modificar los hábitos de movilidad en el entorno cotidiano, dichas cuestiones toman mayor relevancia a la hora de planificar un viaje por carretera, dado que progresiva e inexorablemente, cada vez serán menos las ciudades por las que se podrá circular si el vehículo no dispone de las etiquetas medioambientales exigidas.
Así que en los próximos años, habrá que estar atentos de como evolucionan los vehículos eléctricos, los híbridos y los prometedores e-fuels. Hasta entonces, habrá que irse acostumbrando a dejar más frecuentemente el coche en el camping en compañía de la caravana, y trasladarse a las ciudades con ZBE en bici o en transporte público. Y si no es posible, a disfrutar el camping.
La OCU pide que se revisen las etiquetas ambientales de la DGT
Cuando estábamos casi convencidos —a regañadientes— de que las ZBE y las etiquetas ambientales eran imposiciones aceptables en pro de la ecología y el cambio climático, resulta frustrante descubrir que se están otorgando distintivos Cero Emisiones y ECO a vehículos que contaminan más que algunos vehículos con distintivo C. Vaya, lo que se conoce como el mundo al revés.

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Eso es precisamente lo que denuncia la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU). A pesar de considerar que sistema de etiquetas ambientales es un avance hacia la transición ecológica, la rápida evolución del mundo del motor ha provocado que dicho sistema haya quedado «desfasado».
Coche rico, coche pobre
Un Porsche Cayenne S E-Hybrid, cuando agota su batería a los 40 kilómetros, consume más de 10 litros/100 km, aun así cuenta con la etiqueta Cero Emisiones. El hibrido enchufable Mercedes AMG S 63 E, cuando funciona con gasolina supera los 12 litros/100 km, y también dispone de etiqueta Cero Emisiones. Por su parte, el BMW X5 M Competición mild hybrid consume 12,9 litros/100 km y disfruta de etiqueta ‘ECO‘.
Sin embargo, el Toyota Aygo X Cross gasolina consume solo 4,8 litros/100 km, pero está catalogado con la Etiqueta ‘C’. Tanto el Porsche, el BMW y el Mercedes citados son vehículos de alta gama, con precios entre los 120 y los 250 mil euros nada más y nada menos. El Toyota no llega a 15.000 euros en su versión más básica.

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Y es que según afirma la OCU, los nuevos motores de gasolina de pequeña potencia contaminan igual o menos que muchos coches híbridos no enchufables de alta potencia y precio. Sin embargo, mientras estos últimos cuentan con etiqueta eco, los primeros, mucho más económicos y menos contaminantes, no pueden disfrutar de las ventajas asociadas a ella.
Así que el ejemplo del Toyota Aygo resulta palmario: aun siendo mucho más barato y menos contaminante, el propietario del Toyota no puede entrar en determinadas ZBE, mientras que el afortunado dueño de un híbrido enchufable de alta gama, pese a su elevado consumo podría entrar sin problemas en la misma zona y encima aparcar gratis en algunas ciudades.
Las ventajas asociadas a las etiquetas ecológicas son indiscutibles. Por ejemplo, permiten restringir el acceso a las grandes ciudades en días de alta contaminación. También contribuyen a impulsar la compra de coches con tecnologías más limpias, como los eléctricos o los híbridos. El problema es que muchos de los coches ecológicos tienen un precio de compra elevado, lo que perjudica a los consumidores con menor poder adquisitivo.

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La conclusión lógica es que si tienes mucho dinero, te resultará mucho más fácil y rápido cumplir con la normativa. Si no tienes tanto dinero, te resultará más complicado. Nada nuevo sobre la faz de la tierra: el dinero no da la felicidad, pero ayuda en muchas otras cosas.
Criterios de adjudicación absurdos
Y por fin llegamos al quid de la cuestión. Según afirma la OCU, lo que falla y debe solucionarse cuanto antes no es el sistema en sí mismo, si no los criterios de adjudicación de los distintivos. Actualmente las etiquetas ambientales se otorgan en función de la tipología del motor del vehículo, sin tener en cuenta las emisiones reales.
Para los que no somos expertos en la materia, parece absurdo: ¿Como es que no se tienen en cuenta las emisiones a la hora de adjudicar las etiquetas? ¿No debería ser el principal parámetro a considerar?
Pues según la OCU, no. El principal parámetro que se tiene en cuenta para otorgar las etiquetas es la tecnología del motor del coche (eléctrico, híbrido…) y no las emisiones contaminantes de cada modelo concreto, ni su uso real. A un híbrido se le adjudica la etiqueta Cero Emisiones o ECO automáticamente, sin tener en cuenta su consumo.

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Igual que ocurre con los modelos con Gas (GLP o GNC), una vez en circulación no existe forma de comprobar si este tipo de vehículos están usando tecnología limpia o el motor de gasolina de toda la vida.
Para poner un ejemplo práctico, el conductor de un híbrido de alta gama que recorra a diario 40 km para llegar a su centro de trabajo en una gran ciudad desde su domicilio, cada día estará contaminando mucho más que la mayoría de coches de gasolina. Ello a pesar de contar con etiqueta Cero Emisiones o ECO.
Por si fuera poco, los vehículos pasan un proceso de homologación, donde se mide el consumo homologado, pero la OCU afirma que ha comprobado que los consumos reales son mayores que los homologados. O sea, que el consumo homologado tampoco es un dato fiable. Algo parecido a lo que pasa con las caravanas: sobre el papel siempre pesan menos que sobre la báscula.

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Los únicos motores que garantizan menos emisiones son los 100% eléctricos. Pero la realidad es que aunque el coche 100% eléctrico está experimentando una sensible disminución de su precio, de media sigue costando 2.000 euros más que un híbrido enchufable, 10.000 euros más que un híbrido no enchufable y 12.500 euros más que un modelo con motor de gasolina equivalente.
Campaña para cambiar el sistema de adjudicación de los distintivos ambientales
Todas estas contrariedades han dado pie a una campaña de la OCU para intentar que la DGT cambie el sistema de adjudicación, por considerarlo desfasado. Se solicita modificar el actual sistema de etiquetas, para que se ajuste a las emisiones reales.
Según la OCU, la adjudicación de las etiquetas ambientales no debería depender de la tecnología del motor, sino de las emisiones reales del vehículo.
Además, la OCU insta a la DGT e instituciones implicadas a tomar una serie de medidas que ayuden a la transición ecológica y a la implantación de las etiquetas y ZBE sin ocasionar demasiados problemas al común de los mortales.
Se solicita ampliar las ayudas a la adquisición de vehículos nuevos con bajas emisiones (y que se cobren de forma directa al comprar el coche), construir parkings disuasorios gratuitos y bien conectados con el centro en los límites de las ZBE, fomentar y ampliar las redes de puntos de carga, o que se informe de manera clara de las restricciones en cada ciudad, entre otras.
Ojalá dichas instancias se lleven a término con éxito y en el menor tiempo posible, pero ahora mismo parece más una carta a los Reyes Magos.
¿En qué ciudades y países es necesaria la etiqueta ambiental?
Aquí está otro de los quids de la cuestión. El acceso y las restricciones de cada ZBE dependen de cada municipio. Si pretendes acceder a una ciudad con ZBE en tu coche, primero deberás informarte. Por norma general, en España los coches de etiqueta C y B pueden acceder a estas zonas siempre y cuando no aparquen en la calle. Para los ECO y los Cero Emisiones no hay ninguna restricción.

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Si viajas con tu caravana y/o tu coche, como ya nos ha pasado a nosotros en nuestros viajes en caravana por Europa, deberás informarte igualmente sobre si es necesario obtener un distintivo en el país al que viajas, y cómo hacerlo. Habitualmente dicha información se encuentra las webs de turismo de las ciudades a las que planeas viajar.
Como puedes ver, viajar por carretera por España y Europa requiere una planificación adicional que hasta hace unos años era inexistente. Además de planificar las rutas, itinerarios y campings, también debemos a costumbrarnos a consultar las restricciones de las ZBE en las ciudades que pretendamos visitar.
ℹ Información útil
- Zonas de Bajas Emisiones en España
- Etiqueta ambiental de la DGT contra la contaminación: ¿cómo es y para qué sirve?
- Equivalencia entre las etiquetas ambientales de países europeos
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