Montpellier, la ciudad natal del rey Jaime I el Conquistador

Montpellier, la ciudad natal del rey Jaime I el Conquistador, fue la primera estación de nuestro Viaje en caravana por Europa durante 33 días y 32 noches. Este fue el primer viaje por Europa que realizamos con nuestra nueva y flamante caravana Dethleffs, que nos demostró ser una gran —en todos los sentidos— y fiel compañera de viaje. Descubríamos así una nueva modalidad de viajar, ya que aunque siempre nos han gustado los viajes por carretera, a partir de ese momento, además de coche llevaríamos una casa con ruedas pegada detrás.

Montpellier (Hérault, Occitania) es una ciudad interesante, como pudimos comprobar. Y se encontraba a una distancia razonable para establecer la primera etapa de la ruta. Aunque conocemos algo Occitania (v. Occitania: Cataros, castillos y pueblos con mucho encanto), no habíamos estado nunca en la ciudad, así que esta ocasión era perfecta. Prácticamente todo el trayecto lo hicimos por autopista, por lo que fue fácil encontrar áreas de servicio o descanso en el camino. Algunas disponen de espacios específicos para caravanas, en caso contrario no queda más remedio que aparcar donde lo hacen los camiones.

Camping Fondespierre, en Castries

Lo primero que hicimos al llegar fue acercarnos a conocer nuestro alojamiento. Al viajar con caravana, este acostumbra a ser un camping. En este caso escogimos el Camping Fondespierre. Está ubicado a las afueras de la localidad de Castries, a unos 24 km de Montpellier, una media hora en coche. No fue fácil encontrar un camping cerca de la ciudad. La primera opción fue el camping Le Plein Air des Chênes, en Clapiers, más próximo a Montpellier. Pero solo se permitía reservar una estancia mínima de no recuerdo cuantos días. El caso es que como solamente íbamos a pasar tres noches, tuvimos que buscar una alternativa.

Camping Fondespierre (Castries)

Llegamos a Castries pasadas las 2 de la tarde, en plena canícula estival. Pasado el pueblo, encontramos el cruce que lleva al camping Fondespierre. El camping es pequeño y rustico, con setos, encinas, pinos y algún olivo. Las parcelas son de tierra, y en algunas es necesario nivelar la caravana, ya que el suelo no es totalmente llano. Dispone de piscina, bar y parque infantil, todo en pequeño formato, proporcional al camping. Los campistas, jóvenes familias francesas en su práctica totalidad, con muchos niños.

Desenganchamos la caravana y la dejamos instalada en la parcela, conectada a la toma eléctrica y con los depósitos de agua llenos. A continuación subimos al coche y nos acercamos a Castries. Nos hacía falta pan, y de paso tener controlados los supermercados y gasolineras más cercanos. Castries tiene unos seis mil habitantes, y es una localidad perfecta para avituallarse de todo lo necesario. Fácil aparcamiento, sin aglomeraciones, sin turistas ni mucho tráfico; tiendas de proximidad, supermercados, restaurantes, gasolineras…

Camping Fondespierre.

Una vez de regreso al camping —a unos tres o cuatro minutos del pueblo— nos dio tiempo de pasar un largo rato en la piscina. Allí pasamos buena parte de lo que quedaba de tarde. Mi hijo Julià prácticamente no salió del agua, como un pez; yo alterné entre chapuzones y hamaca al sol, como un lagarto. Luego nos duchamos y a continuación empezamos a preparar la cena en la misma caravana. Llevamos muchas provisiones, sobretodo conservas y productos que no se estropearan con el calor. Por cierto, a las duchas y wc’s del camping les faltaba una renovación. Pero no somos demasiado exigentes, y cumplieron su función.

Museo de los dinousaurios de Mèze

Al día siguiente, después de desayunar, nos desplazamos a Mèze. Está al sur de Castries, a medio camino entre Montpellier y Béziers, a unos 45 km de cada una. El motivo, visitar su museo de dinosaurios (Musée des dinousaures de Mèze) animales sobre los cuales Julià es un pequeño experto. Siempre que viajamos, aprovechamos para visitar lugares donde haya dinosaurios, en la modalidad que sea. El año pasado, durante nuestro viaje por Occitania, estuvimos en el Museo de Dinosaurios de Espéraza (Aude, Languedoc-Roussillon, Francia), y el anterior visitamos todos los centros de Territorio Dinópolis, en Teruel (Aragón, España).

Musée des dinousaures de Mèze

La visita al Musée des dinousaures de Mèze resultó un acierto. Las reproducciones de dinosaurios y otras curiosidades se encuentran en un frondoso bosque de grandes pinos. Mientras paseamos por senderos bien señalizados, vamos descubriendo reproducciones a tamaño real de todo tipo de dinosaurios y vida prehistórica. Las entradas al recinto nos costaron 11 euros la infantil y 13 euros la mía, total 24 euros del ala. Más algún souvenir que le compré a mi hijo en la inevitable tienda del museo.

En el mismo edificio del museo de dinosaurios había una curiosa exposición de sombreros, no sé si temporal o permanente. Pasamos la mañana en el museo de dinosaurios, y regresamos a Castries para comer en el camping. Por la tarde, relax total. Piscina, luego algo de deberes para el peque y un poco de lectura para mi. Ducha, cena, película y a dormir. Al día siguiente nos esperaba Montpellier.

Montpellier en medio día

Nuestra misión imposible en Montpellier fue intentar conocer todo lo posible del lugar en unas horas. Aunque la ciudad sin duda merece más tiempo, al día siguiente debíamos continuar nuestro viaje. Así que meses antes, sabiendo las escasas horas de que dispondríamos, contratamos en Civitatis un Free tour en español por Montpellier. Creo que cuando se tiene poco tiempo, es buena idea contar con alguien que conozca el lugar y nos ayude a conocer los lugares más imprescindibles. Civitatis ha creado estos tours guiados gratuitos, en los cuales al final de la visita, cada uno paga la voluntad de manera opcional. Una idea genial y práctica.

En Montpellier, P+R (parquing + transporte público)

Nos desplazamos en nuestro coche hasta Montpellier, y aparcamos en el moderno P+R Parking Circé Odysseum, en la rue Georges Méliès. Cualquiera que sea la duración de estacionamiento y el número de pasajeros del vehículo, el parquing tiene un precio fijo (4,60€ cuando estuvimos nosotros). La tarifa incluye un billete ida/vuelta gratuito en tranvía para cada uno de los ocupantes del coche. Una manera muy práctica y económica de llegar al centro de la ciudad, que es lo que nos interesaba. Y luego volver al aparcamiento sin complicaciones, y regresar al camping.

Los tranvías de Montpellier llaman la atención por su llamativa y original decoración.

Los tranvías hacia el centro salen aproximadamente cada cinco minutos de una estación situada al otro lado de la calle donde está el aparcamiento. Cogimos la línea 1, que nos debía dejar en la mismísima Place de la Comédie. Nos llamó la atención lo bonitos que son los tranvías de la ciudad, decorados con coloridas pinturas y grafitis muy elaborados. Lamentablemente, un tramo de línea estaba en obras, y debimos bajarnos antes. Tras un pequeño paseo nos plantamos en la plaza, donde estaba el punto de encuentro con nuestro guía.

La Place de la Comédie

La Place de la Comédie es sin ninguna duda el centro neurálgico de Montpellier, y con sus 12.500 metros cuadrados, es uno de los espacios peatonales más grandes de Europa. Elegantes edificios del siglo XIX rodean la plaza, y artistas callejeros, viajeros, turistas, terrazas de restaurantes y cafeterías repletas de gente se dan cita en el lugar. Y por supuesto, las emblemáticas Ópera Comédie, que da nombre a la plaza, y la fontaine des Trois Grâces (Fuente de las Tres Gracias). En el extremo opuesto de la plaza se encuentra la Oficina de Turismo.

En la fuente de las Tres Gracias se había establecido el punto de encuentro del Free Tour a las 10 de la mañana. Cuando llegamos, ya había un pequeño grupo de unas 15 personas, procedentes de diversos puntos de España y algunas de Sudamérica. Pasados unos minutos de la hora prevista, el guía se presentó al grupo. No recuerdo su nombre con certeza, pero me suena que se llamaba Philippe. Tras una breve presentación, empezamos la visita guiada. Hablaba un español bastante correcto, aunque a veces tenía que repetir las cosas porque no se entendía del todo bien. Nos guió por el centro histórico durante dos horas largas, comentando y explicando interesantes historias y curiosas anécdotas sobre los lugares por lo que íbamos pasando.

La Place de la Comédie. En esta foto solo se aprecia una parte de la plaza. Al fondo, La Ópera Comédie y delante la fuente de las Tres Gracias.

Algo que nos llamó la atención fue la gran cantidad de policías y soldados armados que vimos por todas partes. Vigilando las calles y especialmente, apostados cerca de monumentos y sitios turísticos. Supusimos que tanta seguridad se debía a los tristes acontecimientos, aún frescos en la memoria de los franceses, de los atentados terroristas de París en 2015 o Niza en 2016.

El centro histórico de Montpellier

Desde la Place de la Comédie, cual borregos guiados por su pastor, nos dirigimos hacia la rue de la Loge para meternos de lleno en el bonito centro histórico de Montpellier. Unos metros más adelante, a la altura de la place Jean Jaurès, mi hijo me comunicó al oído una noticia de suma importancia:

— Papa, tengo pipi.
— Es que ahora estamos en medio de la calle, y no podemos ir a ningún bar porque no sé si el guía nos esperará… No puedes aguantar un poco?
— Papa, tengo pipi.
— Está bien, espera un segundo que voy a hablar con el guía.

Le expliqué al guía la delicada situación, y con una sonrisa me contestó que fuésemos tranquilos. A escasos metros, en la misma plaza, había diversos bares con sus respectivas terrazas al sol. Entramos en uno cualquiera, y me pedí un café rápido mientras Julià iba a sus asuntos. En menos de cinco minutos estábamos de nuevo en el grupo, que esperaba en la plaza escuchando los relatos de Philippe, y continuamos con el itinerario.

Montpellier, la ciudad natal del rey Jaime I el Conquistador

Desde la plaza Jean Jaurès, nos metimos por estrechas calles hasta llegar a una pequeña y vieja plaza en la rue Saint Ravy. Bajamos por la rue du Bras de fer y sus coloridas escaleras, y continuamos por l’ancien courier hasta llegar hasta la rue Jacques d’Aragon. Allí, Philippe se detuvo ante una casa solariega. No destacaba demasiado entre las demás, y la placa conmemorativa de la fachada puede pasar fácilmente desapercibida. Es la casa donde el 2 de febrero de 1208 nació Jaime I, rey de Aragón, Valencia y Mallorca, conde de Barcelona y de Urgel y señor de Montpellier, llamado El Conquistador.

La casa solariega con el gran balcón sobre la puerta abovedada, donde el 2 de febrero de 1208 nació Jaime I el Conquistador.

Fue una agradable sorpresa. No contaba con este descubrimiento, y aunque sabía desde que fui a la escuela que Jaime I nació en Montpellier, era un dato que había olvidado por completo, y tan siquiera lo tuve en cuenta cuando planifiqué la visita a la ciudad. En ese momento lo recordé. Jaime I fue hijo de Pedro II el Católico y de María de Montpellier. Pasó parte de su niñez bajo la tutela de los caballeros templarios en el castillo de Monzón. A los 6 años fue jurado en las Cortes de Lérida de 1214.

Placa conmemorativa en la fachada de la casa de la rue Jacques d’Aragon.

En septiembre de 1229, conquistó Mallorca, hasta entonces en manos musulmanas. La escuadra aragonesa zarpó de Tarragona, Salou y Cambrils. Posteriormente inició la conquista de Valencia, aunque se tomó algo más de tiempo para completarla. Conquistó Murcia en ayuda del rey castellano Alfonso X el Sabio, e intentó una expedición a Tierra Santa en 1269, aunque se vio frustrada y renunció a la empresa. Murió en Alcira (Valencia) el 27 de julio de 1276, tras un reinado de sesenta y tres años. Hasta el momento, es el reinado más largo de un monarca en toda la historia de España.

Las iglesias de Saint-Roch y Sainte Anne

Después de la regia sorpresa, seguimos hasta la rue en Rouan, a la cual desembocamos por la parte de atrás de la Cámara de Comercio e Industria de Montpellier, y continuamos hacia la coqueta Place Saint Come, llena de pubs, bares, restaurantes y terrazas. Finalmente, por la rue Jules Latreilhe y rue en Gondeau llegamos a la rue du Plan d’Agde, desde la cual, al final de la calle vimos la portalada de la iglesia de Saint-Roch. Construida en el siglo XIX con fondos obtenidos mediante suscripción popular, l’église de Saint-Roch ocupa el espacio donde antes estaba la iglesia de Saint-Paul, destruida durante un asedio dos siglos antes.

Al fondo de la rue du Plan d’Agde se ve la portalada de la iglesia de Saint-Roch.

A unos cinco minutos de Saint-Roch, encontramos la plaza y la église de Sainte Anne. Nos paramos a descansar un rato en la plaza, en unas escaleras delante de la fachada de la iglesia. Fue construida entre 1866 y 1869, en el lugar de la antigua iglesia de San Pablo, del siglo XII. Actualmente, es una iglesia desacralizada y reconvertida en un espacio de arte contemporáneo. Mientras el guía explicaba historias y anécdotas, yo estaba más pendiente de Julià, que aprovechó la tranquilidad de la plaza para corretear un poco. Tan solo hice una foto de la fachada de la iglesia, pero salió muy mal, así que mejor no la pongo.

La mejor panadería de Francia

De camino hacia la siguiente parada, el Arc de Triomphe, descubrimos una de las curiosidades más curiosas —valga la redundancia— de esta visita a Montpellier. Fue gracias a nuestro guía, y tuvo lugar en la rue Eugene Lisbonne número 10. Una aparentemente pequeña y modesta panadería, la boulangerie Des Rêves et du Pain, ganó en 2015 el premio a la mejor panadería de Francia, organizado por el canal de televisión M6. Sin duda, una pequeña perla que uno no descubre sin la ayuda de alguien que conozca bien la ciudad que pisa.

Ganar el premio a la mejor panadería de Francia supone largas colas para comprar pan…

Tuve la tentación de comprar una baguette para cenar en la caravana. Lamentablemente, había tres poderosas razones que no lo hacían aconsejable. La primera, que había una larga cola para comprar. La segunda, derivada de la primera, que la visita guiada no nos esperaría. Y la tercera, que tendría que cargar con la baguette durante todo el día. Así que… otra vez será…

El Arco del Triunfo

Dejamos atrás las estrechas calles, típicas de todo casco antiguo que se precie, y salimos a la rue Foch, que aunque no es una gran avenida con 4 carriles en cada sentido, fue la calle más ancha que vimos en mucho rato. Allí se encuentra el majestuoso edificio del Palacio de Justicia (la Cour d’appel) y el Arc de triomphe de Montpellier, también conocido como Porte du Peyrou. Ocupa el lugar de unas puertas de la antigua muralla. Se construyó en 1692 en uno de los puntos más altos de la ciudad, y mide 15 metros de alto por 18 metros de ancho. Se dice que el arquitecto François D’Orbay se inspiró en la puerta de Saint De​nis de París para diseñarlo. Es la puerta de entrada a Montpellier desde el parque de Peyrou.

El Arc de triomphe de Montpellier, también conocido como Porte du Peyrou.
El Palacio de Justicia (la Cour d’appel) de Montpellier.

Al otro lado de l’Arc de Triomphe, cruzando la rue la Blottière, se encuentra la Promenade du Peyrou (Paseo de Peyrou). Se trata de un gran parque de unas 5 ha., al cual no accedimos. Al final de este paseo se encuentra el Acueducto de San Clemente, construido en el año 1754. En su lugar, nos dirigimos hacia el Jardin des Plantes por el Boulevard Henri IV, para tomar la rue de l’École de Médecine, donde se encuentra la Catedral de San Pedro, punto final de la visita.

La Facultad de Medicina

Cuando llegamos a la altura de la fachada principal de la Facultad de Medicina, en la rue de l’École de Médecine, Philippe nos indicó un lugar privilegiado para la explicación final de la visita. Así, nos acomodamos en las escaleras de entrada al Institut Bouisson Bertrand, una fundación creada por la misma facultad en 1895, cuya misión es la prevención y el control de las enfermedades infecciosas. Es un centro de referencia en cuanto a vacunas y medicina de viaje. Sentados en aquellas escaleras, podíamos contemplar la magnífica fachada de la facultad, justo enfrente, al otro lado de la calle.

Facultad de Medicina de Montpellier.

La Facultad de Medicina de Montpellier existe desde el siglo XII, nada más y nada menos. Es la facultad de medicina en activo más antigua del mundo. Allí estudiaron personajes ilustres como Arnau de Vilanova, Ramon Llull, Guy de Chauliac o el mismísimo Nostradamus, entre muchos otros. Su museo de anatomía, creado a finales del siglo XVIII, cuenta con más de 5.600 piezas anatómicas hechas en cera, concebidas para la formación de los estudiantes. Estas colecciones fueron clasificadas como monumento histórico en 2004.

La Catedral de San Pedro

El guía se despidió de nuestro grupo en las escaleras del Institut Bouisson Bertrand. Allí, cada cual le pagó lo que consideró oportuno y nos dispersamos. Siguiendo la rue de l’École de Médecine, a pocos metros, se encuentra la catedral. Pero esta visita ya corrió de nuestra cuenta. De hecho, corrió tanto de nuestra cuenta que no la visitamos. Nos limitamos a ver muy deprisa la curiosa fachada principal (una fachada poco habitual), ya que nos venía de paso. Pero ni entramos y… ¡maldita sea! no hice ninguna foto. La verdad es que en nuestra cabeza solo existía una idea: comer. Y aun debíamos ir hasta el aparcamiento, coger el coche y llegar al camping.

La fachada principal de la catedral de Montpellier. La calle de la izquierda es la rue de l’École de Médecine, y la Facultad de Medicina es el edificio que ocupa todo el lado derecho de la calle, después de la catedral. By Wolfgang Staudt from Saarbruecken, Germany – Montpellier 027.jpg, CC BY 2.0, Link

Entre pitos y flautas, la visita guiada había durado casi tres horas, la mayor parte del tiempo andando, lógicamente. Y eso en pleno agosto y con un sol de justicia, se nota. Total, que con algún que otro remordimiento de conciencia, pasamos de largo la catedral y nos metimos por callejuelas desconocidas en dirección al punto de partida. Intentamos atajar, pasando por calles por las que no habíamos pasado antes. Por fin llegamos a la rue de la Loge. Como ya estábamos en territorio conocido, paramos a tomar un refrescante helado en la terraza de la heladería Amorino, en la esquina con la rue de l’Argenterie.

De vuelta al camping

Desde la heladería Amorino hasta la Place de la Comédie apenas hay un par de minutos andando. Bajo un sol de justicia, atravesamos la plaza en sentido inverso a cuando llegamos. Pasamos por delante de la Oficina de Turismo y continuamos por la Allée Jean de Lattre de Tassigny hasta llegar a Corum, la estación de tranvía. En unos minutos el tranvía nos dejó en el aparcamiento Circé Odysseum, donde teníamos aparcado el coche.

Era nuestro último día aquí, al día siguiente nos íbamos a Laussanne. Al llegar al camping, vimos una caravana instalada al lado de la nuestra, donde antes había una furgo que al parecer dejó la plaza libre. Resultó pertenecer a una simpática pareja francesa, con tres hijos pequeños. Julià hizo sus primeros amigos franceses, y estuvieron jugando hasta la hora de la cena. Fue una auténtica lástima que al día siguiente nos tuviésemos que ir.

Julià y sus nuevos amigos, en la caravana.

Que más ver en Montpellier

Al tener tan poco tiempo, tuvimos que hacer una visita exprés a esta bella ciudad. Nos perdimos por las calles y callejuelas medievales de su centro histórico, prácticamente la única zona de la ciudad que conocimos, y vimos muchos de los lugares «imprescindibles». Pero también es verdad que quedaron en el tintero algunas cosas que merecen la pena. Para empezar, una visita como Dios manda —nunca mejor dicho— a la catedral de San Pedro. Pero hay más, entre ellas:

  • Museo Fabre, uno de los museos de Bellas artes más prestigiosos de Europa.
  • Torre de la Babotte, construcción defensiva, uno de los únicos restos de las murallas de la ciudad.
  • Planet Ocean Montpellier, sobretodo si vais con niños.
  • Parque Zoologico Henri de Lunaret. Otro lugar a tener en cuenta si se viaja con niños y hay tiempo.
  • El trenecito turístico. Al típico tren turístico no hay que infravalorarlo. Cuando se va justo de tiempo, puede ser una buena solución para conocer lo más importante de una ciudad. De no haber tenido la visita guiada, seguro que lo cogemos.

En el mapa de más abajo están marcados los lugares que visitamos. Cabe decir que no entramos en ninguno, ya que no disponíamos de tiempo. Los marcados en color marrón son lugares que no visitamos, y quedan pendientes para otra ocasión.

(Fecha del viaje: del miércoles 14 al sábado 17 de agosto de 2019)

Información útil Montpellier

Musée des dinousaures de Mèze – Route Départementale 613, Mèze

Oficina de Turismo – 30 Allée Jean de Lattre de Tassigny.

Parkings P+Tram et parkings de proximité (Montpellier)

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